El último paseo hacía Sassello

He decidido titular así este viaje, porque realmente inesperadamente se convirtió en el último paseo con Antonio Camacho en nuestra prevista vuelta al mundo juntos.

Ya tuve oportunidad de contar que Antonio había decidido seguir solo a partir de Sassello en un artículo titulado Cuando un amigo se va…, ahora hablaré de ese viaje, de ese último paseo hacía Sassello con él desde Niza.

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Y lo llamo paseo porque en esta ocasión teníamos todo en orden, horarios, medios de transporte, lugar donde llegar, etc.

Pasamos por varios sitios antes de llegar a Sassello saliendo desde Niza: Mónaco, Menton, Ventimiglia y Savona.

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Y desgraciadamente me llamó la atención la mala “sombra” de la policía de Mónaco con los mochileros. Una única pregunta les hice para saber dónde estaba la parada del autobús que seguía camino hacia Menton, última ciudad francesa antes de la frontera italiana donde debíamos hacer el cambio de autobús a tren y casi me recogen y me llevan ellos…. No fue así, aunque me hubiese encantado, un dinero ahorrado y algo más que contar.

Antonio en ese momento se encontraba viendo los Aston Martin que estaban en el escaparate del concesionario, así que apenas se dio cuenta, de la casi discusión que mantuve con la chica policía. Por cierto, esta tenía muy malos modales y muy mala “leche”…  En fin, era cuestión de minutos salir de esa ciudad y no me quería amargar la vida, así que escuché, gesticulé y seguí camino.

Mónaco se estaba preparando para el gran premio de F1 que se celebra en próximas fechas: mucho lujo y muchas cuestas. Mucho control y poca diversión para alguien que vive con lo que lleva en la mochila y poco más.

La llegada a nuestro próximo destino, Menton, fue tranquila. Allí debíamos coger un tren que cruzase la frontera franco-italiana y nos dejase en Ventimiglia donde tomaríamos otro para llegar a Savona. En estas tres ciudades poco estuvimos, fue una parada y a seguir, así que poco más que contar.

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En Savona tuvimos que esperar ese día el único autobús que llegaba a Sassello, casi 3 horas en la estación, así que alguna impresión más me pude llevar. Al principio pensé que era una ciudad fea, sin gusto. Cuando el autobús que nos llevaba a Sassello hizo las paradas previstas del recorrido de la línea, me di cuenta que había prejuzgado sin haber visto apenas nada. Pasamos por una zona del centro y del puerto, donde realmente sí que había lugares bonitos y seguramente dignos de visitar.

En el autobús nos enteramos gracias a Roberto, su conductor, que deberíamos haber comprado los billetes del trayecto por anticipado en vez de en el mismo autobús, en un estanco o bar. De esta manera cuestan 1€ más baratos… Esta normativa es válida en toda Italia, así que recomiendo al que venga por el país transalpino que tenga este detalle en cuenta: compra tu billete de autobús anticipado antes de subir, te ahorrarás un dinero en viajes.

En el trayecto a Sassello tuvimos la oportunidad de conocer a Fausto, que amablemente nos indicó donde comprar esos billetes en el pueblo para nuestro viaje de vuelta.

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Días después nuestro anfitrión Massimo, me contó que Fausto llego a jugar en la Sampdoria (equipo de fútbol genovés), pero un problema físico lo aparto de los terrenos de juego. En el pueblo lo llamaban el “Maradona di Sassello”.

Fausto un buen tipo con el que coincidimos en el pueblo en nuestra primera excursión por allí, se dirigía a jugar a la petanca y se había interesado por nosotros según nos contó Massimo más tarde.

Algo que les sorprendió tanto a Roberto como Fausto era que dos españoles jóvenes les visitásemos, ya que Sassello como población es pequeña y con pocas actividades en esta época del año. Eso sí Sassello como comunidad, por extensión, es una de las cuatro más grandes de Italia.

Cuando llegamos a Sassello nos estaba esperando Alessandra para llevarnos a la Cascina Granbego, hogar de nuestros anfitriones, donde nos esperaba Massimo con la niña de ambos Delia y Christian un amigo de la familia que iba a pasar allí unos días y de paso practicar su profesión de fotógrafo experimentando con la naturaleza.

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Yo puedo decir ahora que no me arrepiento en absoluto de haber conocido esta pequeña población de poco más de 1000 habitantes, pero esto lo contaré en el próximo post con la historia de nuestra tercera experiencia como voluntarios en La Vuelta al Mundo sin Prisas.

Arrivederci!!

¡Pura vida!

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