¡Fer! conoce Montenegro, es precioso ¡Ummmm! ¿Por qué no?

Tras la visita de La Vuelta al Mundo sin Prisas a Serbia me tocaba subirme al tren en Užice, sobre las 2.30h de la madrugada, y me esperaban más de ocho horas de viaje. La noche fue realmente incomoda y pude dormir a sobresaltos, acabando con mi cuello dolorido, a punto de una tortícolis, y mis músculos entumecidos. Eso sí, cuando desperté definitivamente, ya amanecido el día, compensó tan mala noche.

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Amaneció un día gris y lluvioso, pero eso hacía que incluso fuese más bello observar el recorrido desde una posición privilegiada, la vía del ferrocarril discurre por momentos en lo más alto del cañón, y admirar los paisajes que el tren iba dejando atrás era un placer y las sensaciones indescriptibles.

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Y es que las personas que había ido conociendo por el camino, recomendándome visitar Montenegro, tenían toda la razón. En un primer momento no estaba previsto en mi largo viaje, así como otros países que finalmente he visitado, pero mereció la pena: Montenegro es un país precioso.

Tras bajarme del tren en Bar, mi objetivo era encontrar como viajar hasta Kotor, los taxistas están al acecho y no paran de ofrecerte el viaje de tu vida, pero no, buscaba la estación de autobús: “saliendo de la estación todo recto” me dijo una chica que atendía en un puesto. Junto a mi Pirita una finlandesa que buscaba lo mismo.

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Al principio se mostró desconfiada cuando le dije “¡vamos al mismo sitio!”, pero ya en la estación de bus y sin dinero contante y sonante para pagar los 6€ del viaje (en Montenegro funciona la moneda europea) ambos tuvimos que dirigirnos al cajero más próximo. Mi idea de pedir el favor para dejar la mochila en la oficina de información turística, al parecer le pareció buena e hizo lo mismo, lo que dio pie a que se mostrase más confiada en mi y andásemos juntos hasta el supermercado más cercano, que también tenía cajero automático.

En el supermercado unas pequeñas compras para picar algo y vuelta a la estación. Tuvimos que esperar un par de horas al siguiente autobús y Pirita aprovecho para utilizar mi ajuar y curarse las ampollas de los pies. Solidaridad entre viajeros.

En Montenegro quería hacer una pequeña ruta: Kotor y Budva, que están cerca y no me desviaban mucho, no así la capital Podgorica que ya me pillaba algo más lejos. La primera aconsejable, ninguna duda, es una ciudad pequeña, su parte antigua es monumental y aunque en estas fechas también es una ciudad turística, su belleza compensa la incomodidad de tanta gente en un espacio tan reducido. La segunda, depende de lo que busques, puede ser una opción, pero no para mi, definitivamente no me van las ciudades costeras masificadas. Por lo tanto decidí que solo me quedaría en Kotor y, Budva, la vería desde el autobús.

Cuando por fin llegamos a Kotor, tras más de 2 horas de viaje, básicamente porque la circulación y los atascos eran infernales, pero también se hace alguna parada para recoger más pasajeros, nos dirigimos al hostel Montenegro. Yo lo tenía reservado, Pirita no, así que cuando llegamos y preguntó no había cama libre y tuvo que buscar otro. No nos volvimos a ver. Un detalle por si viajas a Montenegro; en la estación de autobús de Kotor encontrarás a gente que te ofrece un apartamento o una cama para alquilar, así que si vas sin reserva no importa, solo negocia bien el precio y asunto arreglado.

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En el hostel me encontré con un equipo simpático, amable y dispuesto, gracias a Vladimir, Fedja y Kokolo por su buen rollo y ayuda. Enseguida plantee mi tortilla de patatas y colaboraron incluso en la compra de los ingredientes. Tuve que pelearme con las herramientas que tenía para hacerla, ya que la sartén estaba descorchada, aunque finalmente me las ingenié para que saliese bien, solo la primera, de la segunda ni hablo. Realmente este propósito de hacer tortillas de patatas allá donde vaya, me está costando algún disgusto personal, porque no en todos los lugares tienen lo necesario para hacerla como dios manda.

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Durante un paseo por la ciudad me encontré con unas viejas amigas que conocí en Sarajevo: Marie-Soleil y las hermanas Elia y Raphaëlle de Canadá que estaban pasando también unos días en Kotor. Tras el encuentro Vladimir, que me acompañaba en ese momento, me indicó que una buena idea para pasar la tarde, antes de las 20h para acceder a la fortaleza gratis y ver la puesta de sol, era dirigirme por la costa hacía las afueras, vería unos paisajes preciosos y podría tomar algo en los numerosos chiringuitos que hay. Le hice caso y cierto: las vistas eran increíbles.

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Cuando decidí hacer un descanso para escribir un rato y relajarme a la orilla del mar, me paré cerca de un pequeño supermercado por si me apetecía tomar algo, siempre es más barato que tomarlo en un bar, mi sombrero llamó la atención de unos montenegrinos que estaban sentados en la puerta de al lado. Cuando pasado un rato me acerque a comprar esa cerveza refrescante me llamaron de nuevo y me senté con ellos a charlar y conocernos. Con Aleksandar, Marko y Aleksandar hice buenas migas y al final pasé la tarde y algo de la noche con ellos. Esto hizo que me perdiese la visita a la fortaleza, pero no importó, la compañía mereció la pena. Acabamos en casa de Marko, con su madre y unos cuantos amigos más que se habían ido sumando a la fiesta.

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Mi sombrero había gustado tanto que me pidieron regalárselo a la madre, que se había enamorado de él, sin embargo les hice desistir ya que se ha convertido para mi en el símbolo del viaje y le tengo especial cariño. A uno de los Aleksandar mi decisión no le gustó y unido a unas copas hizo que por un momento se crease una tensión innecesaria, que los demás apaciguaron comprendiendo mi postura.

Ayudado por el otro Aleksandar y su coche llegue al hostel pasada la medianoche y eso significaba que tenía pocas horas para dormir, además con alguna copa de más, por lo que el despertar fue algo trágico, con resaca, solo 4 horas de sueño y un viaje por delante que incluía dos cambios de autobús antes de llegar a la frontera albanesa en Ulcinj y cuatro si contamos Tirana ya en Albania.

En Ulcinj en la estación descubrí que mi Mac no funcionaba y fue un disgusto tremendo, es en definitiva mi herramienta para escribir el blog. Tanto trajín de viaje y el poco cuidado tenido en el trato, le habían pasado factura.

No hay mal que por bien no venga y conocí a Jusuf Rexha, camarero en la cafetería de la estación, que me vio preocupado y con el que hablé del problema que tenía. Lo hacíamos en inglés, pero llegado un momento y a raíz de su pregunta acerca de mi procedencia, descubrimos que podíamos hablar en español y Jusuf lo hace muy bien, incluso con expresiones difíciles de conocer, sino has vivido en España. Lo más sorprendente de todo es que lo había aprendido viendo la televisión con las series y culebrones que ponen allí. Un buen futuro con varios idiomas a sus 18 años, entre los que cuenta el inglés y el castellano, además del albanés y el serbio. Suerte en tu vida Jusuf.

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Sobre mediodía me subí al autobús que me llevaría a Albania mi próximo destino, pero esta historia la contaré en el próximo artículo. Hasta entonces.

¡Pura Vida!

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