Filipinas I: Mi primera frontera por aeropuerto

Llego el día en el que volaba a Filipinas. Para mí fue difícil tomar la decisión de viajar en avión, rompía la regla que me había marcado de cruzar todas las fronteras por tierra, pero las reglas están para romperse y además ahorraba dinero, ya que el barco que tenía previsto desde Sandakán en Borneo a Zamboanga en Mindanao, tenía el mismo precio que el vuelo, pero sin embargo yendo en barco tenía que sumar el autobús entre KK y Sandakan y al llegar al puerto de Zamboanga, todos los demás trayectos hasta llegar a cualquiera de los destinos en Filipinas que hubiese elegido: Dávao, también en Mindanao, Cebú en la isla del mismo nombre o Manila la capital, en la isla de Luzón, todavía más lejos. Así que este era un buen argumento para convencerme; si le sumo que todas las personas con las que había hablado en Filipinas me habían avisado de que Zamboanga era un lugar peligroso para los extranjeros, con secuestros y recientemente una explosión de una bomba, quedaba claro que el romanticismo lo guardaría para otras etapas del viaje. Además cruzar una frontera por aire, también iba a ser una experiencia.

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El vuelo a Filipinas

Ya conté en el anterior artículo, que llegué con tiempo suficiente y que la sorpresa que me aguardaba en el aeropuerto la pude sortear gracias al tiempo de antelación con que llegué.

Compré ese billete de vuelta muy a mi pesar y quise seguir creyendo que el viaje a Filipinas merecía la pena, mucha gente me había hablado maravillas y habían remarcado la amabilidad de sus habitantes. Lo pude comprobar conforme pasé el mes de visado gratis, que no desde hace mucho han implantado.

La llegada al aeropuerto de Manila

Con la tranquilidad de mi billete de vuelta, por lo que no sería un problema entrar y cruzar los controles de inmigración, durante el vuelo te dan un par de hojas para que rellenes. Ya lo había olvidado después de tanto tiempo sin subirme a un avión, la hoja de inmigración para el control de pasaportes y también una hoja amarilla para el control de enfermedades. Si vienes de África o Suramérica, tienes que demostrar que estas vacunado, sino hay problemas para entrar en el país o has de pasar una cuarentena, para lo que vi cuartos habilitados cerca de estos controles.

En mi caso, no los tuve, pase rápido ese primer control en la terminal del aeropuerto y fui a buscar mi mochila, casi me doy un paseo gratuito por el aeropuerto porque pregunte y me enviaron a reclamaciones de equipajes perdidos, afortunadamente antes de seguir y, fiándome de nuevo de mi intuición, volví a preguntar y me indicaron donde estaba la cinta con mi mochila, que era lo que realmente buscaba.

A la salida de la terminal, lo primero era conseguir pesos filipinos para poder moverme, ya fuese en autobús, como siempre mi primera elección, o taxi en su defecto, incluso andar era un opción que me planteaba, al parecer la casa donde iba a pasar estos días en Manila, no estaba lejos. Probé en un cajero y me pedía una comisión de 200 pesos por sacar 1.000 (algo menos de 20€), así que cambié de banco y ¡bingo! en este era gratis sacar el dinero, así que fue el elegido. Este banco lo utilizaría más veces en mi viaje por Filipinas.

También decidí preguntar por una tarjeta de teléfono móvil, que intuía no muy cara como en el resto de países del Sudeste asiático. Vi un par de puestos promocionales de las dos compañías que operan en el país. Tuve un encontronazo con uno de los que atendían uno de los puestos, que por supuesto están prestos a atender a un extranjero. Pregunté por las tarifas y la tarjeta en ambos, la tarjeta era gratis, pero llevaba emparejado, sí o sí, un plan de llamadas o internet, o la combinación de ambas, el que me interesaba por un mes de plan eran 600 pesos (algo más de 12€).

No me pareció cara, pero quizás para mi economía innecesario el gasto, y así se lo hice a saber. De repente el vendedor me suelta ¿cara? con mirada de desprecio, ahí me toco la moral y le ofrecí, si para él era tan barata, pagarla de su bolsillo que yo lo aceptaba y que por favor no valorase mi opinión, “yo sabía porqué lo decía”. Hubo un momento de tensión, que su compañero rebajó, incluida la mirada de desaprobación por su actitud con un cliente; decidí no seguir con la discusión y seguir camino, ya la compraría en la ciudad con los consejos de quien vive allí y la utiliza, sin tener interés en venderme nada.

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Salí del edificio y me encontré con un aeropuerto efervescente, lleno de gente para aquí y para allá, con mucho extranjero cargado de maletas yendo y viniendo. Para informarme de los transportes públicos y llegar a la dirección de Bianca, que llevaba apuntada en el móvil, pregunte a un policía, este me dijo que no había autobuses, la única opción era el taxi, le consulté si fuera del aeropuerto podría andar hasta alguna parada y me dijo que era peligroso andar por las calles en los alrededores e insistió que lo mejor era un taxi. La opción del miedo, caló en ese momento en mi. No conocía nada, ni sabía seguro si era una exageración o un buen consejo. Morí al palo y fui en busca de un taxi.

A casa de mi anfitriona en Manila

En el aeropuerto está todo bien organizado y todas las tarifas de los taxis están expuestas en un gran panel en la misma parada, con los destinos a donde llevarte. Está dividido por zonas y según cual, es mayor o menor el precio, pero todo está bien explicado. Para llegar a mi distrito tenía que pagar 330 pesos (poco más de 6€). Espere la fila de personas hasta que llegó mi turno, en ese momento una azafata me entregó un recibo con su copia correspondiente que debería de entregar al taxista al subirme al coche.

Muy importante guardar el original para ti, es la manera de poder controlar quien fue el taxista que te llevó, lleva la matricula apuntada, y así no tendrás problemas de tarifa, ni de destino, él también lo tiene claro. Como anecdota contaré que Cristina, una chica española que coincidió conmigo en la casa de Bianca, me comentó que su taxista le arrancó prácticamente de la mano ambas copias y cuando salieron del aeropuerto paró el coche y le pidió bastante más dinero por la carrera, ella le insistió que le devolviese el papel pero se negó, así que debió de pagar lo que le “robaba” si quería llegar a casa o bajarse y quedarse en medio de la ciudad, sin saber donde ir. Había perdido el control de la situación y el taxista lo sabía. Así que atentos a este detalle del recibo.

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Por mi lado, tuve suerte y Christopher, el taxista, era un tipo legal y además fue muy simpático y agradable; hasta compartimos algún cigarro durante el trayecto. Mantuvimos una conversación animada en la que me puso al día de detalles a tener en cuenta en la capital filipina y también me ofreció conocer a una vecina suya que buscaba un extranjero para casarse, aunque esta opción no me la he planteado todavía, así que le agradecí el detalle, pero no acepté. Nos intercambiamos el teléfono por si cambiaba de idea y decidía conocerla y tras un par de consultas a los conductores de los triciclos, acostumbrados a moverse por calles pequeñas, pudimos llegar a la colonia de Bianca. Christopher me dejó en la misma puerta de la casa. Por su buen rollo todo el camino le pagué 350 pesos, que no es mucho más del precio, pero agradeció la propina.

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Toma de contacto con mis anfitriones

Toqué el timbre de la casa, un edificio adosado de dos pisos con un pequeño patio que sirve para aparcar tu coche si lo tienes, al poco apareció Sardor, un chico que creía que era un couchsurfer como yo, sin embargo era el compañero de casa de Bianca.

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Bianca es austriaca, pero habla castellano aprendido cuando vivió en México largo tiempo y además había recorrido algún país Sudamericano, tiene un español con mucho acento, pero comprensible para un nativo español. Bianca aceptó mi solicitud en CS nada más que le envié el mensaje desde Kota Kinabalu y no solo me aceptó a mi, normalmente su casa está llena de gente de todos los países. No es muy grande, pero es de agradecer que alguien ayude a un viajero y a Bianca le gusta la gente. Tiene una perra labradora negra llamada Angelina, preciosa, cariñosa y que me encargué de pasear muchos días.

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Por otro lado Sardor es americano, hicimos buenas migas y me informó al llegar a casa que Bianca no estaba, la habían ingresado hacía un par de días con insuficiencia respiratoria. Bianca es asmática y con la contaminación de Manila, no me extraña que necesitase oxígeno y cuidados durante unos días en el hospital. Según me contaron Manila es la ciudad con más tráfico del mundo y hay momentos en los que sientes que has perdido un año de vida respirando lo que los tubos de escape de los coches, autobuses, jeepneys, triciclos y camiones expulsan. Allí el control de escapes no se ha extendido todavía y hace que la contaminación sea espantosa y peligrosa para la vida.

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Por cierto, los jeepneys y los triciclos son el medio de transporte más económico y para mí también el más simpático para moverte por las ciudades Filipinas. Normalmente en Manila tienen unas rutas, que acaban donde puedes cambiarte al siguiente y quizás repetirlo varias veces, pero al final te dejara en el lugar donde vas, o bastante cerca por unos pocos pesos, que al cambio puede ser en total 1€ o poco más, con un recorrido bastante largo.

También en Manila tienes el metro ligero y el metro, que aunque más caros que cualquiera de los transportes públicos tradicionales, también ayudan a recorrer la ciudad rápido y sobre todo, más fresco con el aire acondicionado, que de verdad a veces se agradece. Incluyo aquí, que no tragas malos humos.

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Por la noche Sardor y yo fuimos a ver a Bianca al hospital y de paso empecé a conocer como moverme por el barrio para cuando necesitase hacerlo yo solo, aunque es cierto que preguntando llegas, la gente en este país es amable y hospitalaria y les gustan los extranjeros, aunque también los conductores de los triciclos a veces quieren hacer su agosto con un extranjero, así que es importante informarte de la tarifa que pagan los propios filipinos. La mejor manera es preguntar antes de subir por el precio y si te parece exagerado, rebajarlo hasta lo mínimo lógico o mirar lo que otros filipinos pagan, eso no falla. Suelen ser entre 8 y 10 pesos compartido y pasa de los 35 pesos si lo quieres exclusivo o especial, como ellos le dicen.

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Después de una visita de alrededor de 1/2 hora y conocer a mi anfitriona, Sardor y yo fuimos a comprar para tener cosas en la nevera de casa y cocinar yo mismo, además me había comprometido a llevar una porción de mi tortilla de patatas a Bianca al hospital al día siguiente cuando la visitásemos. Al terminar las compras, a casa a descansar, que al final el estrés de viajar, pasa factura y agota. Al haber sido el primero de los CS que llegaban ese día, pude hacerme con la única habitación desocupada que quedaba en casa, muy calurosa, pero con baño propio y al otro lado del porche interior. Y allí estuve durante los cinco primeros días que me quedé en Manila.

Visitando Manila

Estando yo en la casa coincidí con hasta 5 couchsurfers diferentes y 2 voluntarios de Workaway, ya que Bianca también está dada de alta como anfitriona. Me sigue sorprendiendo lo que algunas personas piensan que es ser voluntario o CS en casa ajena. Parece que se lo tomen como unas vacaciones gratis y no hay iniciativa que valga para ellos. Esto me ocurrió con ambos voluntarios que no hicieron nada, por lo menos a mi vista, durante el tiempo que coincidí con ellos.

También con esta pareja de jóvenes americanos fui a visitar Intramuros y descubrí un sitio espectacular, herencia de la colonización española durante más de dos siglos, hasta que los estadounidenses la tomaron en una guerra que enfrento a España y USA a finales del S. XIX y que hicieron, entre otras cosas, que el castellano, lengua que se hablaba en todo el archipiélago desapareciese e incluso hoy en día los filipinos más jóvenes, se sorprenden cuando dices palabras que todavía perduran en su vocabulario y que no tienen ni idea que vienen del español. De todas formas, razón hay para olvidar aquellos años de dominación española, ya que entre otras cosas, la educación de aquellos colonizadores, tanto en las escuelas, como con los habitantes nativos más pobres, brilló por su ausencia, siendo los norteamericanos quienes llevaron la educación a la población durante su ocupación. Ellos crearon la primera Universidad de las Filipinas e impusieron el inglés como lengua co-oficial, junto a las múltiples lenguas de las islas.

Para no extenderme mucho más en este artículo, dejo a tu elección si quieres conocer más las visitas que hice por la capital de Filipinas y en Intramuros concretamente, donde hay mucho que ver y sobre lo que escribí largo y tendido en la web de Minube, donde tengo una colaboración para descubrir rincones a otros viajeros, y sobre Filipinas hay mucho.

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Hubo más paseos y recorridos por la gran ciudad además de Intramuros y datos curiosos que descubrí estando allí, pero esto será la historia de mis próximos artículos que dedicaré a Filipinas, ya que visité la provincia de Sorsogón al sur de la isla de Luzón, la mayor del archipiélago y donde también está la capital, a la que volví después de alrededor de 20 días, para en este caso hacer el voluntariado con Bianca durante su ausencia, ya fuera del hospital, descansando lejos de la contaminación y recuperándose de su enfermedad respiratoria. Así también, pude esperar tranquilo mi vuelo de vuelta a Borneo.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura vida!

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