Irán 1ª parte: La llegada

Después de pasar una noche más de lo previsto en Erzurum y cambiar de hotel a uno un poco más barato para ahorrar algo de dinero, compartí la habitación con Perman, el turcomano que había conocido en el consulado iraní.

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Compramos un billete de autobús con la intención de viajar juntos a Irán, pero por la noche después de cambiar mis planes para compartir viaje, decidió que no iba a viajar, que se quedaba en Turquía e intentaría trabajar allí ya que un amigo se lo había propuesto. Todo esto me sonó muy raro, ya que por la noche se había negado a compartir unos bocadillos que costaron al cambio 5€ con lo cual 2,5€ por cabeza, y sin embargo por la mañana en la agencia de viajes donde habíamos comprado los tickets cuando quiso devolverlo y se lo negaron, me dijo que le daba igual perder el dinero porque era poco. Contradicciones que me cuesta comprender, pero sin la mayor importancia.

El haber comprado ese billete me obligó a posteriormente buscarme la vida en Agri para llegar a Dogubeyazit, en total 30 TL que hubiesen sido 26TL si hubiese seguido mis planes iniciales. Poco dinero para un europeo, pero para mi que ya voy muy justo de presupuesto fue un fastidio. Además viajé en un minibus, por lo que la comodidad se redujo al mismo tamaño que el transporte, una tortura, aunque los paisajes me ayudaron a superarla.

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Cuando llegué a Dogubeyazit, me tocaba conseguir el transporte hasta la misma frontera, pregunté a la gente que andaba por la estación y me indicaron una familia que estaba esperando para ir al mismo sitio, les pregunté si hablaban inglés y Hasan con un inglés justo me dijo que esperase con ellos que llegaríamos juntos.

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Efectivamente llegamos hasta la frontera y al control de pasaportes, pero me costó 7TL más. Ahí se me acabaron las liras turcas, por lo que esperaba no tener que volver a pagar nada. Afortunadamente así fue. Por cierto las mujeres de la familia que en la estación de autobús no llevaban cubierto el pelo, nada más llegar a la frontera debieron de hacerlo, ya que en Irán es obligatorio.

Ya en el control de pasaportes turco, mis acompañantes iraníes cruzaron la frontera sin problemas, sin embargo yo tuve que esperar un rato, he incluso pasando por la oficina de la policía, que no se explicaba como me habían puesto, al llegar a la frontera búlgaro-turca, un sello en lo que era un visado pagado y no lo habían hecho en el pasaporte. No tuve problemas en abandonar Turquía, pero al retenerme la policía más de una hora, perdí el contacto con la familia de Hasan y con ello la posibilidad de viajar juntos a Tabriz como habíamos hablado.

Cuando llegué al control de pasaportes iraní, ningún problema, todo fue como la seda, sellaron mi pasaporte, los soldados me dieron la bienvenida a su país y seguí adelante.

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Cuando salí del edificio, se lanzaron a mi los cambiadores de moneda y los taxistas, les dije que quería ir a Tabriz, pero en autobús, para ello tenía que primero llegar a la primera ciudad de la frontera y el cambiador que insistió, me ofrecía el cambio de 1€ por 35.000 riales, que me pareció poco ya que había podido comprobar el cambio días antes.

Discutiendo con ellos, forzándome casi a meter la mochila en el maletero del taxi, que yo me resistía, se acerco Maedeh, una chica iraní que hablaba perfectamente inglés, para preguntarme si necesitaba ayuda. Le dije que sí, que creía que el cambio que me ofrecían era poco y me dijo que desistiese de mi discusión y me fuese con ella y su familia, con los que había coincidió en el transporte hasta la frontera, y que ellos me ayudarían. Estaban esperando su transporte hasta Bazargan, la ciudad a la que tenía que llegar yo, para recoger su coche que estaba en un parking. Durante la espera el cambista enojado les dio una fuerte bronca, que toda la familia al completo salió a defender, las mujeres tienen un carácter que para que os voy a contar y le hicieron callar enseguida. Al parecer la intromisión de Maedeh le había fastidiado un buen negocio conmigo, lo que no sabía el tipo en cuestión es que no iba a acceder a sus pretensiones y se hubiese quedado igual.

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Cuando por fin llegamos a Bazargan, de nuevo los cambiadores se acercaron a mi como avispas y mis nuevos amigos, la familia al completo, salió en mi defensa otra vez.

Me dijeron que les siguiese hasta el parking y que fuésemos a comer, así lo hice, me llevaron a comer y me invitaron, además de ayudarme con una oficina de cambio a poder tener riales, la moneda iraní, a un cambio que me sonaba mejor, fueron 44.000 riales por euro. Cambié 50€ y conseguí con ello 2.070.000 riales.

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Durante la comida un señor que estaba allí me saludo y después me paso su teléfono, una chica estaba al otro lado, parecía su hija, me dijo que ellos me ayudarían en Tabriz. Nunca sabré si todo lo que hablé con ella era cierto, ya que cuando creía que este personaje, su supuesto padre, me iba a llevar en su coche a Tabriz, lo que hizo fue dejarme en la parada de taxis y pirarse, volviendo a estar a la caza de los cambistas anteriores y los taxistas, pero esta vez solo. Llegué a un acuerdo con uno de los taxistas, 30 dólares por el viaje, pero apareció de nuevo el de los cambios para liarla. Dijo que eran 40 dólares que el taxista no sabía inglés y se había equivocado. Esto ya me tocó los huevos y la bronca se la di yo a él en inglés, diciéndole que dejase de meterse donde no le llamaban, que iba a pagar 30 dólares y punto. Ahí se acabo el tema, se relajó la situación y nos fumamos el cigarro de la paz rodeados de más iraníes curiosos por saber quien era ese extranjero con mal humor y sombrero baquero.

Diré que a la hora que esto ocurría ya no tenía autobuses para llegar a Tabriz, así que era o dormir en un hotel, alquilar un coche o ir en taxi, todas las opciones con un precio similar 25€ ó 30 dólares, así que elegí la última y avancé en Irán.

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Esta familia que salió en mi ayuda son de Teheran y supongo que los volveré a ver, ya que tengo su contacto y me invitaron a localizarlos a mi llegada, para enseñarme la ciudad y ayudarme en lo que necesitase. Afortunadamente en este tiempo en Tabriz otras personas se han ofrecido a ayudarme también en Teherán, así que espero que entre unos y otros pueda conseguir salir adelante y no tener problemas, por desgracia Sohrab un viejo amigo iraní de Zaragoza me dijo que era mala época para visitarlo y echarme una mano, ya que sus padres están mayores y no puede dejarlos solos. Toda mi comprensión con él y deseándole lo mejor a su familia.

La noche que llegué con el taxi a Tabriz, decidí que no quería hotel para ahorrar el coste del transporte, que rompió de nuevo mi presupuesto y le pregunté al taxista por si había algún camping en la ciudad, me dijo que justo en la estación había uno, resultó ser que el camping eran los jardines de la propia estación, todos sus colegas me apoyaron y me dijeron que no tendría problemas ni con la gente, ni con la policía. Me fié y dormí al raso utilizando por fin el saco y la esterilla, pero no la tienda, que todavía no la he estrenado. La noche fue tranquila, dormí bastante bien para hacerlo en el lugar que lo hice y me desperté a las 6.30am sintiéndome descansado. Un pequeño aseo y búsqueda del autobús al centro para controlar un hotel y descansar en una cama, la única noche que estaría en la ciudad.

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El autobús al centro fue realmente barato, solo 2.000 Rials, que suponen unos 0,04 € y me encantó ya que pude ver alguna de las costumbres del país. Por ejemplo, las mujeres viajan en la parte de atrás del autobús y no se mezclan con los hombres, aunque sean marido y mujer y después del trayecto, esas mujeres se acercan por fuera a la parte delantera y si no han pagado el trayecto con tarjeta de transportes lo hacen entonces con dinero en efectivo. No digo que me guste, pero es lo que vi.

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Andando por la calle buscando un hotel cargado con mis mochilas, un señor que en el autobús me fue recomendando que lugares fotografiar, me señalo un hotel, entré y me pareció buen precio, fueron 250.000 riales más 40.000 riales por la ducha, al cambio 6,60€ aproximadamente. La habitación muy sencilla y estaba limpia, pero la ducha…. la ducha infecta, deberían de llamarle agujero con tubería, pero la necesitaba, así que con mis chancletas me duche, y realmente me sentó bien, después me preparé y salí a conocer Tabriz.

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Entre otras cosas fui a la búsqueda de un cibercafé para intentar trabajar algo, ya que eran casi dos días sin poder acceder a internet. Lo conseguí, y poco pude hacer, las conexiones en Irán son muy deficitarias y por ejemplo Facebook está prohibido. En el blog, desde un ordenador que no es el mío, me limité a revisar un par de cosas y esperar a tener conexión para poder empezar a cargar artículos, que afortunadamente pude escribir en ese tiempo sin internet. Coste realmente irrisorio por la hora que estuve conectado: 13.000 riales, unos 0,30 €.

Tras ello la visita a Tabriz continuó y pude conocer a Reza, una persona realmente auténtica y que me ayudo a partir del momento que nos saludamos, pero esta historia la contaré en el próximo artículo dedicado a Irán, 2ª parte. La gente de Tabriz aparece en mi vida.

Hasta entonces, como siempre…

¡Pura vida!

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