Irán 4ª parte: mi nueva familia iraní de Teherán

En este artículo voy a contar cuales fueron mis vivencias en Teherán y aprovecharé para presentados a mi nueva familia iraní: Majid, Nader y Ali que me acompañaron y ayudaron cada día de las más de dos semanas que estuve allí.

Ya pudisteis leer como fue mi llegada desde Tabriz y mi primer día en Teherán. Pero la primera noche tiene su pequeña historia. Aunque pude elegir ir a casa de Nader, esa noche la pase en el guest house que ya había pagado. Algo que no sabía era que mi habitación servía además, de base estable para el aire acondicionado de parte del edificio y, aunque lo intenté, no pude apagar ni un momento el ruido que hacía. Fue una noche dura y me desperté varias veces, por lo que el descanso no fue tal.

Por otro lado, de la ducha ni hablamos, preferí mantenerme sudado como estaba, a entrar en el cuchitril que tenían habilitado como aseo. Para hacer mis necesidades, al estar escrito en farsí, anduve todo el rato en el servicio de señoras, algo que en España quizás no tenga mucha importancia, pero en Irán donde las mujeres van separadas en los autobuses, supongo que no hubiese sido muy bien visto por otros. Afortunadamente nunca me crucé con nadie. Ali fue quien me lo dijo por la mañana al venir a buscarme y se partió de la risa al enterarse de mi error ¡pero es que nadie cayo en la cuenta de informarme y traducirme “señoras y caballeros”!

A continuación os presento a estas tres personas que cuidaron de mi y me hicieron pasar unas semanas inolvidables y a los que les tengo un cariño y una admiración especial por su generosidad y afecto.

Majid: Mi ángel de la guarda, como un nuevo padre para mi
Yo lo he bautizado con el sobrenombre de “Ángel de la Guarda” y es que realmente se convirtió en tal, ya que gracias a él, entre otras cosas, Ali fue mi compañero y guía y Nader mi anfitrión.

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A Ali le encargó que estuviese conmigo cada minuto del día para acompañarme a visitar la ciudad, a las embajadas a hacer mis gestiones y a que no me faltase de nada durante mi estancia en su ciudad, para ello le entregó una cantidad de dinero que desconozco y nunca me dejó pagar absolutamente nada de lo que comíamos, transportes que utilizábamos, o cualquier cosa que necesitase.

A Nader le pidió que me acogiese en su casa durante mi estancia en Teherán, cosa que este acepto de buen gusto y que hizo mi estancia cómoda y muy agradable, con él también tuve dificultades en pagar las compras, aunque lo conseguí en alguna ocasión, insistiendo y pidiéndolo por favor.

Majid es un musulmán practicante de la corriente chií del islam y tiene unas creencias muy arraigadas y que respeta al máximo. La generosidad con los extranjeros es una de ellas y en el Corán está reflejado explícitamente este punto. Como pude comprobar, no solo va a la mezquita a rezar, sino que luego lo traspasa a la vida diaria, conmigo y con la gente de su entorno. Es un hombre de paz. A su vez es un hábil hombre de negocios, propietario de una tienda de robótica en un centro comercial del centro de la ciudad y distribuidor de componentes de robótica.

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La tercera noche en Teherán pude disfrutar de una velada muy especial con él, ya que celebraba con Mahtab su esposa y Ali su niño, el 9º aniversario de su matrimonio. Fui invitado a participar de la cena en la que se juntaron varios familiares, entre ellos Maedeh, Abbas, Bahar y Mohammad a los que conocí en la frontera con Turquía y que entre todos me ayudaron a quitarme de encima a los pesados y molestos cambiadores de moneda, historia que ya conocéis por mi artículo dedicado a mi llegada a Irán.

Antes de llegar a su casa pudimos visitar a su cuñado en su confitería, una de las mejores de Teherán y fuimos a comprar unas flores para regalarselas a Mahtab.

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La cena fue espléndida y pude degustar la exquisita comida iraní que Mahtab preparó con esmero y cariño para todos. Cenamos arroz en gran cantidad, que allí se utiliza casi como el pan en España, una mezcla de verduras con judías rojas deliciosas, que aunque se cocina con carne para mi fue separada, ensaladas, yoghurt y como no una tarta de fresa con la que finalizó la cena. Para ellos también hubo carne y pollo.

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Posteriormente y durante la sobremesa pudimos hablar largo y tendido y como no, me preguntaron por la anterior etapa de mi vida, mi familia y mi viaje, las preguntas nunca fueron incomodas, más bien estaban interesados en mi y mi forma de vivir, que allí llama la atención. También preguntaron por la música española y el flamenco. Incluso Majid me animó a que les hiciese una demostración de baile flamenco, a lo que me resistí ya que es difícil y no lo conozco como para ello. Lo sustituí con unos vídeos de Youtube.

Cuando llegó la medianoche decidieron finalizar con la reunión familiar y me invitaron a dormir allí esa noche, cosa que acepté gustoso y agradecido. La mañana siguiente despertamos temprano y tras el desayuno que nos preparó Mahtab, fuimos a hacer una visita a sus padres interesado por su salud, que con los achaques de la edad estaba algo tocada. De ahí a su tienda y yo desde ese momento con el incansable Ali, a comenzar con mis gestiones en las embajadas que me llevarían más tiempo del esperado. Cada día Majid encargaba a Ali que visitásemos distintas zonas de la ciudad y conociese las mezquitas, que en Teherán son muchas y preciosas. Cuando coincidía a la hora de la comida en la tienda, siempre tenía mi plato lleno y la sonrisa invitándome a disfrutarlo.

Antes de despedirnos y salir con destino a Mashhad, me entregó 200.000 riales y me encargó que los pusiese en la tumba del Imán Reza. El Imam Reza Holy Shrine es uno de los lugares sagrados más importantes del Islam tras La Meca y Medina, y está en Mashhad, la última ciudad que conocí en Irán. Como no, cumplí con el encargo y casi me cuesta alguna pequeña discusión con los fieles, por decirlo suave, que en masa se acercan a tocar su tumba y venerar a su líder. Sobre esta historia contaré más cuando hable de Mashhad en el próximo artículo.

Nunca podré con palabras describir lo que mi corazón siente por Majid, que se ha convertido en casi un padre para mi, que cuidó y sigue cuidando en la distancia, interesándose y manteniendo el contacto vivo conmigo. Quedó pendiente una comida o cena española con su familia, que espero celebrar cuando pueda volver por su espléndido país y su ciudad Teherán, algo que está apuntado en mi agenda de asuntos importantes.

Nader: Mi anfitrión y mi nuevo hermano
Como ya he dicho, Majid le pidió a Nader que me acogiese en su casa durante unos días, nunca estuve seguro de cuantos exactamente. La segunda noche le pregunté cual era el límite y me contestó “free”, dándome a entender que tenía vía libre para estar allí el tiempo que necesitase. Realmente fue más del que yo esperaba, los visados que tenía que buscar en las distintas embajadas me retrasaron más de una semana y tuve que abusar algo de confianza, aunque Nader siempre estuvo a gusto con mi presencia y aunque la comunicación era difícil por la barrera del idioma, siempre encontrábamos la manera de hablar largo y tendido sobre aspectos de nuestra vida y reírnos un buen rato.

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Con Nader también pude vivir una comida típica iraní con más miembros de su familia, que una vez al mes se juntan en la casa de sus padres, para verse y pasar un buen rato juntos. Pude hacer la tortilla de patatas y el gazpacho que tanto a él como a su hermano Davood, que vive ocasionalmente en el mismo apartamento, les encantaban ya que los pudieron probar el primer día de mi “okupación”. Para la comida ellos prepararon kebab de pollo al estilo iraní y aunque soy vegetariano decidí romper mi dieta y probar todo lo que había en la mesa, pollo incluido. No me sentó mal, quizás porque no era la primera vez que en Irán la rompía y tampoco la última. Sí, es una realidad que me cuesta asumir, pero que no tengo más remedio: ‘a lo hecho pecho’. Cuando terminamos la comida y tras una breve sobremesa, un descanso. Cuando nos pusimos en marcha de nuevo, tés y dulces y a media tarde, la familia empezó a moverse a sus casas.

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Nader y Shokoofeh, su hermana, me invitaron a conocer el parque que está al lado de su casa y que es un verdadero pulmón en esa parte de la ciudad. Un paseo largo y gratificante después de un día espectacular viviendo las tradiciones iraníes.

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Ambos también me invitaron a ver el parque de atracciones de Teherán y quedamos con su hermana después del trabajo. Algunas atracciones las probé, otras me daban respeto y preferí abstenerme de subir. En definitiva, los iraníes viven como nosotros, ni más, ni menos, con sus tradiciones, algunas de las cuales para nosotros pueden resultar extrañas, como así mismo las nuestras a ellos.

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El fin de semana antes de irme, Nader me acompañó a ver volar los aparatos que Majid vende en su tienda, una especie de drones con menor autonomía de vuelo que los militares, pero que igual de espectaculares. Rezapour, un cliente y amigo, me había invitado la tarde anterior que lo visitamos en su casa, donde fabrica circuitos integrados y otros aparatos voladores. Comenzó como su hobby y ahora es, al parecer, un buen negocio que le ha costado montar, ya que USA no vende maquinaria a Irán, pero el se ha buscado la vida para conseguirla, exportándola a países árabes e importándola luego al suyo, aunque eso le haya costado mucho más dinero.

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En el parqué también pude ver volar cometas, un hobby muy arraigado en la cultura persa o correr coches de gasolina a escala, menos popular pero que gana adeptos poco a poco.

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Cuando el sol había caído Davood vino a buscarnos al parque con su minibús, con el que cubre una línea en Teherán a diario y nos acercamos a ver a sus padres. Para mi sorpresa decidieron organizar una cena exquisita para despedirme, eran mis últimos días allí. Después pude vivir una tradición muy sana, en la cual las familias van a los parques para relajarse e incluso cocinar al aire libre y compartir un tiempo juntos.

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Algunos de los días cuando despertábamos yo me encargaba de preparar el desayuno para los tres, eran auténticas fiestas matinales para los sentidos y una buena manera de empezar el día con energía: tomate, pimiento, pepino, aceite de oliva, pan iraní, huevos, queso semi-fresco iraní, mantequilla, tahiní con miel y un jarabe dulce que utilizan y es delicioso y por supuesto té. También me dio tiempo a preparar varias cenas para que probasen la cocina española e invitaron a algún amigo como Mahdi, con el coincidí en varias cosas, como estar aprendiendo chino y con el cual nos reímos un buen rato. Con su hermana también cenamos alguna noche; Shokoofeh ha viajado y vivido en otros países como Dubai o Australia, lo que hace que hable un perfecto inglés y tenga una visión abierta del mundo.

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Nader es un tipo excepcional, cariñoso e inteligente, el último día me acompañó hasta la terminal de autobús y el día anterior me ayudó a comprar el ticket para viajar hasta Mashhad, para mi hubiese sido imposible; la web solo se está en farsi y como comprenderéis es una dificultad muy difícil de salvar. Al igual que Majid, nunca olvidaré a Nader y, de echo, espero poder encontrarlo en algún lugar del mundo, que seguro sucede.

Ali: mi nuevo hermano pequeño
Ali es el más joven de todos, con un inglés más que correcto, casi perfecto y, curioso e inteligente. Un grandote que necesita ese cuerpo para poder guardar su gran corazón.

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Ali estuvo conmigo desde que me encontré con él en la estación de metro de Iman Jomeini, hasta que me despedí de la capital iraní en la terminal de autobuses con destino Mashhad. Me acompañó hasta allí con Nader y con ambos pude pasar mis últimos minutos en Teherán.

Durante los más de 15 días que me acompañó, me ayudó a poder encontrar las embajadas, a hacer las gestiones en ellas hablando en su idioma con los funcionarios y a elegir en cada momento con que medio de transporte movernos por la ciudad. A veces le daba verdaderas palizas de andar, ya que yo disfruto con ello y para él se convertía en una pesadez, pero siempre aguantó y nunca se quejó. La última vez que hablé con él me dijo que había comenzado a comer menos carne y a cuidar un poco más su dieta, cosa que me alegró, ya que aunque como yo, es grande por naturaleza y su gran corazón necesita ese gran cuerpo, creo que le sobran unos kilos para tener mejor calidad de vida.

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Durante los paseos que dábamos por Teherán y, siguiendo instrucciones de Majid, pude conocer algunas de las mezquitas más bonitas que he visto en el viaje. En Irán son muy distintas a otros países musulmanes, con las cúpulas verdes y llenas de cristales en su interior a modo de espejos que les dan una imagen brillante y espectacular. Si no me equivoco otra diferencia es que las mujeres rezan al margen de los hombres. También vimos juntos, muchos de los bazares que existen en Teherán.

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Visitamos una catedral cristiana armenia, donde me prohibieron hacer fotos, aduciendo un miedo a las autoridades iraníes, que sabrán mejor que yo porque lo tienen, pero por lo visto allí se respetan todas las confesiones sin ningún problema. De echo, aunque no entramos, me enseño un lugar de culto del Zoroastrianismo, una antigua religión persa que, aunque con pocos seguidores, sigue vigente, e incluso tiene su propia escuela.

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También pasamos por la puerta del edificio de la embajada americana, que en este momento al parecer, es un museo. No entramos, cobran un precio que consideré desorbitado y, solo pude hacer unas fotos desde la entrada que casi me cuestan una bronca del policía que la custodia, pero me arriesgue y las conseguí. Creo de todas formas, que lo más interesante son las paredes que bordean el complejo, ya que las pintadas no tienen desperdicio.

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Cuando fuimos a la embajada española, se sintió cómodo y le gustó el ambiente que se respiraba por ello decidió comenzar a aprender español con la ayuda de las aplicaciones de móvil que ahora existen y durante nuestros largos trayectos en metro, practicaba conmigo para escuchar mis correcciones y mejorar su pronunciación. Creo que le ha picado el gusanillo de hacerse diplomático o por lo menos buscar un trabajo en alguna embajada. Lo que está claro es que tiene la capacidad y la curiosidad suficiente para conseguirlo. Ánimo Ali con tus sueños.

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Ellos tres son mis amigos de Teherán y si decides visitar su país y más concretamente su ciudad, te recibirán con los brazos abiertos y te ayudarán en lo que necesites, solo tienes que decirlo.

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El próximo artículo repasará mis últimos días en el país de los ayatolás que pasé en Mashhad, al este de Irán, donde conseguí mi último visado, necesario para seguir viaje y, cruzar a la vecina Turkmenistán. Allí también dejé grandes [email protected] y un recuerdo imborrable en mi memoria. Realmente este país, Irán, me ha enganchado.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!

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