Myanmar: Una aventura de ida y vuelta

Se volvieron a complicar las cosas con el tema de internet durante estos días y eso me ha retrasado en la publicación de este artículo que voy a dedicar a mi visita por Myanmar, una aventura de ida y vuelta a Tailandia. Ya disculparéis.

En Yangon

En Yangon (Rangún) pude estar los dos días que había previsto en el hostel, por cierto, limpio y cómodo al contrario de como me había podido informar en internet y por algunos conocidos que habían estado por allí. El problema en Myanmar (Birmania), es que el alojamiento es caro. A mi me costó 11$ pasar cada noche y era uno de los más baratos que pude encontrar. Pregunté por casualidad en una Guest House que me encontré durante mi primer paseo por la ciudad, un par de calles más atrás, y el precio era de 12$, la primera impresión que tuve no fue tan atractiva como la de mi hostel. Normalmente los precios se mueven entre los 15$-20$ y los lugares al parecer no están cuidados y aceptables para nuestros estándares, como pude comprobar en Taunggyi.

Como siempre, me gusta recomendar lo que yo conozco si me parece interesante hacerlo y en este caso lo haré. El hostel se llama SleepIn Hostel y está en la calle 9ª en el Downtown, pegado a China Town. Si visitas Yangon, no dudes en elegirlo. La gente que trabaja es amable y en el precio está incluido el desayuno, un desayuno simple, pero que se agradece cuando amaneces, también te dan la toalla y aunque no sea ‘santo de mi devoción’ tienes aire acondicionado en todos los dormitorios y habitaciones.

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Por el Downtown de Yangon y China Town pude pasear cada día, es un punto de interés turístico y la verdad que, si que tienen atractivo. Por la noche en los alrededores, siempre se organiza un mercado por las calles y las avenidas perpendiculares.

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En el mismo barrio chino pude encontrar un restaurante que utilicé cada día para comer, excepto una noche que cené en la calle con Brandon y Jaspeer, unos canadienses que conocí en el hostel y que aunque la comida no estaba mal, no fue del todo de mi agrado, básicamente porque la comida en Myanmar nada en aceite y solo encuentras proteína animal y muy poco vegetal. Sin embargo el restaurante chino que mencioné es vegetariano y eso fue sobre todo lo que más me atrajo, pero después su comida fue la que me convenció para ir cada día. Está en la calle 13ª del Downtown.

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Si bien el alojamiento, como he dicho, es caro y no está a la altura de los precios, la comida si que es barata. El Kyat, moneda de Myanmar, se cambia a 1,04 $ por Kyat y cada comida normalmente me costaba 1.500-2.000 Kyats, así que al día gastaba alrededor de 4-5 $.

Mi último día en Yangon lo aproveché para conocer algo más la ciudad y de paso comprar mi viaje para ir hacia el norte, quería cruzar a Tailandia de nuevo para llegar a mi nuevo voluntariado en Phayao, renovar mi visa tailandesa y de paso visitar alguna ciudad birmana más. El tren es muy barato y quería moverme con él, aunque según me contaron también es lento y no muy cómodo, aún así cuando llegué a la estación y pregunté por el siguiente con destino a Taunggyi apareció John, un hombre que me dijo que trabajaba allí, hablaba un correcto inglés y se ofreció a ayudarme con el muchacho que atendía en la ventanilla, que estaba más pendiente de su juego en el móvil que de mi. John me comentó que el último tren había salido hacía una hora, son dos trenes diarios, y que hasta el día siguiente no tenía otro, pero me dio la solución, ir en autobús y comprar el ticket en una agencia cercana que él conocía. Me acompañó y me aseguraron que podía llegar hasta Tachileik, pegado a Mae Sai en la frontera tailandesa, cambiando de autobús en Taunggyi. Yo tenía dudas ya que Ratana, un camboyano nacionalizado australiano, que había conocido en el hostel me aseguró que no era posible, que las autoridades birmanas tienen prohibido el paso a los forasteros. Como John y la gente de la agencia que eran birmanos me aseguraron que si, los creí y cometí un error.

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Antes de salir a las 19h, aparecieron, para mi sorpresa, dos alemanes que estaban conociendo algunos países del Sudeste Asiático y que se dirigían a Inle Lake, la ciudad anterior a la que tenía que llegar yo. Fue una suerte encontrarnos, pudimos charlar  antes y durante el viaje y conocernos un poco, ambos se interesaron por mi periplo y me contaron sus planes de viaje. Sabiendo esto, les pude aconsejar y dar algunos datos para sus próximos destinos por los que yo ya había pasado: Tailandia, Camboya o Vietnam. El viaje fue nocturno y el autobús aunque pretende ser cómodo, lo llaman VIP, como casi siempre, se convierte en una pesadilla. Cierto que tienes espacio y el asiento se puede reclinar bastante, pero no es una cama y finalmente decidí tumbarme en el suelo y así tratar de dormir mejor. No conseguí mucho, pero al menos pude estirarme y tener una posición más cómoda durante un par o tres horas.

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Taunggyi

Cuando llegué a Taunggyi Ye Ko Ko, un taxista que estaba esperando a los viajeros y por supuesto quiso que fuese su cliente, al decirle donde quería llegar me aseguró y me recomendó ni siquiera intentarlo. Nos sentamos en la parada de autobús y seguí insistiéndole si había alguna manera, o bien escondido entre bultos, o tapado con una lona, de cruzar esa zona que es tan peligrosa y en la que, aquí sí, están peleando los rebeldes que quieren independizarse y formar parte de China, con el ejercito birmano. Tras un rato sin yo conseguir mi propósito y él no quitarme la idea de la cabeza, Ye Ko Ko me invitó a acompañarlo y tomar un café juntos. Al lado del bar donde fuimos hay un puesto de policía y trabaja su cuñado que es policía de tráfico. Nos sentamos los tres a desayunar y a pesar de mi insistencia para llegar hasta la frontera por tierra, ambos me siguieron insistiendo en que no, que no podía y me arriesgaba a ser secuestrado, asesinado o detenido por la policía en uno de los múltiples controles y pasar en la cárcel algunos días.

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Durante nuestra conversación se me ocurrió proponer hacer mi tortilla de patatas en casa de Ye Ko Ko, que a pesar de su juventud, 24 años, ya está casado. Les enseñe varias fotos de otras que he hecho en el camino y la pinta les gustó, así que me dijeron que podía ir a su casa y allí hacerla para toda la familia. Como en muchos de los países que he visitado en el Sudeste Asiático, las familias viven juntas en un mismo edificio o casa: padres, abuelos, hijos, nietos, sobrinos, etc. En casa de Ye Ko Ko me encontré con todos y me recibieron con los brazos abiertos. Su madre Daw Than Than Aye, una mujer muy simpática, se desvivió para que yo me encontrase cómodo y a gusto. Dejé mis cosas en el coche de Ye Ko Ko que se había reconvertido en un utilitario más sin la placa de taxi y con su moto fuimos al mercado a comprar los ingredientes para la tortilla y la ensalada que iba a preparar para la comida.

De nuevo hacerla fue una prueba de fuego, no disponían de la sartén adecuada y eso me complicó bastante las cosas, al final la saqué adelante pero me costó lo suyo y no quedo como a mi, exigente que soy, me hubiese gustado. Eso sí, puedo decir que toda la familia la disfrutó y les gustó el sabor, que al final y al cabo es lo importante. La mejor crítica que puedes recibir es la de un pequeño y la sobrina de Ye Ko Ko la comió con verdadera pasión, así que me di por satisfecho.

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Tras la comida no fuimos a tomar un café y a hablar de las posibilidades que tenía para llegar hasta Tachileik, la única opción era en avión y para llegar hasta el aeropuerto de Heho tenía que ir en autobús. Habló con Su Phway, una amiga suya que trabaja en una agencia de viajes que está en el mismo aeropuerto, muy atenta y efectiva y le dio las opciones más baratas disponibles y los horarios en los que podría viajar el lunes. Esto sucedía un domingo, que complicaba algo más cualquier cosa ya que es un día festivo. Después del café volvimos a casa y nos paramos en el pequeño puesto callejero que tiene Cherry Moe, su mujer, en plena calle y donde sirve unos noodles deliciosos, a los que me invitaron para que los probara. En la casa continuamos con las llamadas y apuntamos en papel los pasos que tenía que dar al día siguiente hasta llegar a la frontera. Ye Ko Ko me dejó su teléfono y pude escribir una nota en mi perfil de Facebook y él se acostó a echar una siesta, cuando termine con mi escrito, su madre me ofreció tumbarme y descansar un rato, cosa que acepté de buen grado.

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Tras el breve descanso, ambos levantamos y nos fuimos en busca de una guest house para que pudiese pasar la noche, la respuesta fue negativa en los cinco que había en Ayetharyar, que es el pueblo donde está la estación de autobuses a unos 5Km de Taunggyi. Al parecer las autoridades cobran una tasa extra por acomodar extranjeros y si no la pagas no puedes tenerlos, ya que como debes de registrarlos tienen un control y te puede caer una buena multa, también por ello, una cama que suele costar 5.000 Kyat a los birmanos, a los extranjeros les cobran 15.000 Kyat.

Eso nos obligó a cambiar los planes de la tarde que habíamos preparado y tener que ir en busca de un hotel en, ahora sí, Taunggyi. Caro e incomodo como ya había comentado antes y donde tuve que compartir habitación ya que estaba lleno. La amistad de Ye Ko Ko hizo posible que me quedase allí, aún en esas condiciones. Pasé la noche tranquilo, me di una ducha que necesitaba, un paseo por la ciudad, aunque poco que ver y menos de noche y una cena, que casi ni comí porque realmente estaba mala de solemnidad.

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A las 5.30 de la mañana tuve que levantar e ir a buscar el autobús, más bien el hilux ( en Tailandia songthaew), que me llevaría hasta el aeropuerto de Heho. En la oficina me intentaron cobrar el doble, pero ya sabía el precio, así que lo discutí y conseguí que me lo dejaran, algo más caro, pero no el doble. Costaba 1.500 Kyat, me cobraron 2.000 y querían al principio 3.000. Aslam, el conductor, fue todo un descubrimiento. Pude ir con él en el asiento del copiloto y eso me ayudó a saber más cosas, también a él le planteé la idea de llegar hasta Tachileik por tierra, ya que me dijo que se podían coger carreteras secundarias, pero me comentó que tenía el riesgo de que aquí fuesen los asalta caminos los que diesen cuenta de mi, e incluso la policía que también ejercía controles por esos caminos. Así que me di por vencido, finalmente iría en avión a pesar de no tener la intención y resistirme hasta el último momento.

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El aeropuerto y el vuelo

El aeropuerto de Heho es un pequeño aeródromo y que yo sepa es solo para vuelos domésticos. Ese lunes tenía la opción de un vuelo a las 8,30h y otro a las 15.30h. El primero, si podía, lo cogería muy justo ya que llegué a las 8h, pero no había nadie en el mostrador de la compañía, por lo que lo di por perdido. Su Phway, la amiga de Ye Ko Ko, enseguida que le pregunté me reconoció y me informó de todas las opciones y precios. Tenía que pagar 61$, que era el vuelo más barato.

Fui a buscar el dinero al cajero que abría a las 9h y volví a la terminal donde ya me esperaba la empleada de la compañía. Al llegar a pagar me dijo que solo podía pagar en dólares, así que vuelta al otro edificio a cambiar la moneda. Esto unido a la extracción del cajero me costó otros 10$ aproximadamente, empezaba a estar enfadado de verdad por el trapicheo, pero no tenía otra opción. Pensando que tenía tiempo hasta las 15.30h me senté en la puerta a fumar un cigarro y cuando lo terminé entré a pagar con los dólares cambiados y comprar el ticket. Lo siguiente fue verme detrás de la empleada casi corriendo, pasando controles y llegando a la pista, donde al parecer el avión de las 8.30h no había salido y me estaban esperando.

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De Keng Tong a la frontera

El vuelo, después de viajar más de 26.000 km en autobús o tren, lo sentí como un suspiro. Llegué a Keng Tong y de allí en una moto a la estación de autobuses para coger un autobús que me llevase a mi destino final en Myanmar: la ciudad fronteriza de Tachileik. Por la moto pagué 1.000 Kyat, ya que por las prisas no lo negocié y por el autobús, de nuevo negociando el precio, que para los forasteros es más caro, me pedían 10.000 Kyat. Lo conseguí en 8.000 Kyat llorando a alguien que me atendió en inglés por teléfono. El precio normal son 5.000 Kyat. En fin, que para nosotros, cobran el doble o más, por todo. Así que hay que estar vivo y atreverte a recatear. Se nota que Birmania o Myanmar es un país recién abierto al turismo apenas hace dos años y todavía les falta tener algo de vista con según que detalles, o bien necesitan el dinero de las divisas, para financiar la guerra que tienen abierta en esta zona del país.

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El trayecto estaba previsto hacerlo en cuatro horas y finalmente tardamos cinco horas y media, ya que el paramos no se cuantas veces para dejar pasajeros, dejar paquetes y las paradas técnicas de rigor, pero eso llegando a Tachileik me desesperaba ya que la frontera con Tailandia la cerraban a las 17.30h y tenía que cruzarla, si o si, en caso contrario tenía que estar una noche más en Myanmar y me iba a resultar caro. Cuando llegamos eran las 17.15h, pregunté a los conductores de moto de la terminal de autobuses donde llegamos y por 2.000 kyat me llevaron justo a tiempo para cruzar y despedirme de un país que me gustó, aunque por falta de presupuesto tuve que visitar únicamente por 4 días. Por cierto, que aquí todo funciona manualmente y sin ordenadores, tanto en el aeropuerto, como en las agencias de autobuses los billetes los rellenaban a mano y el control lo llevaban en libros.

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La entrada en Tailandia fue rápida y cómoda y allí tuve que correr otra aventura para llegar desde Mae Sai hasta Phayao, desde donde escribo este artículo. Lo que pasó en Tailandia en esta segunda visita, lo contaré en el próximo, espero que antes de abandonar esta ciudad, cómoda y donde estoy conociendo de nuevo a gente maravillosa al igual que en mi viaje por Myanmar.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!

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