Nueva Zelanda II: 1er voluntariado con Helpx en las antípodas. Piha

Antes de contarte esta nueva historia de mi viaje, me gustaría pedir disculpas por el tiempo en que no he publicado ningún artículo, más de dos semanas de ello. Estoy preparando algunos cambios en el blog, así como mis siguientes pasos del viaje y quizás olvidé lo más importante: escribir y contar lo que voy viviendo. También en ocasiones la inspiración no llega y hace que lo que quiero escribir tenga que esperar, aún así, trataré de que no vuelva a ocurrir. Gracias por tu comprensión y espero que sigas acompañándome en el viaje, en la distancia, a través de este blog, aún con estas lagunas en el tiempo.

Dicho esto, que necesitaba hacerlo, recordaré algo del anterior artículo para ponernos en situación. Entonces te contaba la llegada a Nueva Zelanda y mi encuentro con Silvia y Jake, unos amigos españoles que me acogieron durante casi una semana en su casa y me ayudaron a tomar contacto con el país. Pude conocer un poco Auckland y alguna de las playas cercanas a la ciudad antes de ir a mi primer voluntariado en Piha, que es donde se desarrolla esta historia.

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Voluntariado en Piha con Helpx

Este voluntariado era el primero de la lista de tres, que tenía cerrados para colaborar en la isla norte neozelandesa a través de Helpx. Jade fue el primer anfitrión que me contestó y además su casa en Piha está relativamente cerca de Auckland, como comprobé en un mapa el día que buscaba la información. Coincidió además con que mis amigos viven en Glen Eden, un barrio entre Auckland y Piha, por lo que me ofrecieron llevarme en su coche cuando les conté mis planes. Sigo con la suerte del viajero.

Cuando llegamos Jade no estaba y nos recibió Daina, otra voluntaria letona que vivía aquí desde hacía ya unos meses. Ella fue la que me puso al día con las cosas de la casa y me dijo donde podía instalarme. Al poco rato llegaron los vecinos, Robin y Robin, a los que Jade les tiene alquilada una pequeña casa en su propiedad. Ambos son ingleses y después de vivir en Australia durante unos meses, han venido para instalarse una temporada larga en Nueva Zelanda.

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Ya por la noche llegó Jade con sus hijos, Marcus y Remi dos rubios muy simpáticos y traviesos que viven normalmente con su madre, pero de los que Jade como padre también cuida, sobre todo los fines de semana. Era la primera toma de contacto y preferí dejar para el día siguiente la batería de preguntas que quería hacerle de cara a saber cual era el trabajo a hacer como voluntario, reglas de la casa, etc, así que charlamos un poco antes de ir a dormir para conocernos y fue a la noche siguiente cuando tuvimos más tiempo para que mis dudas fuesen resueltas.

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Simplemente me dijo que podía descansar de mi largo viaje, que no tendría mucho trabajo y que podía estar en su casa el tiempo que necesitase. Me propuso cortar unos troncos que tenía en el patio y para hacerlo me entregó un hacha y una maza, aunque yo esperaba una sierra mecánica, todo hay que decirlo. Me lo pensé, no he cortado mucha leña con hacha, pero me puse en marcha un par de días después. Trabajo duro que se termino cuando rompí el hacha a golpes y no pude continuar.

Nick un amigo y compañero de trabajo de Jade, que vino esa noche a dormir a casa, no daba crédito cuando se lo conté y quizás ese detalle hizo que a partir de entonces nos llevásemos bien y cogiésemos confianza más rápidamente.

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También decidí encargarme de limpiar la casa y sobre todo mantener limpia la cocina y cuidar de las mascotas, los dos gatos: Ginger Ninja y Patches y la perra Hine cuando me quedé solo, ya que Daina se fue a conocer la isla sur y hasta entonces ella era la responsable. Excepcionalmente también cuidé de los niños cuando Jade trabajó los fines de semana.

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Por supuesto, al igual que el trabajo no era exigente, los gastos de alimentación me los debí de cubrir yo. Jade aportaba algunas cosas y también invitaba algunas noches a cenar. Lo malo aquí, es que como carnívoro convencido que es, solía cocinar al horno cerdo o cordero, y yo con una dieta más o menos vegetariana, pero sobre todo sin carne roja, al principio se me hizo duro y finalmente decidí comer alguna vez, con lo que comprendí definitivamente que la carne no es lo mío. Tras esas cenas pasé algunas de las peores noches del viaje.

Mi anfitrión Jade

Jade ronda los 36 años y se nota que disfruta de la vida. Además de un tipo genial y hospitalario, vive alegre y es un pescador experimentado. Ya he visto un par de veces como tras una salida con algún amigo en barco, ha traído un cajón lleno de peces. Por otro lado su trabajo es una de las cosas con las que coincí con él y que también puedo contar. Jade trabaja en una empresa llamada Roller Coaster que organizan festivales, trabajan para TV construyendo decorados, hacen la producción artística en eventos, etc.

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Uno de los datos, por cierto, que me atrajo cuando vi su perfil en Helpx, fue que pidiese ayuda para el ticketing de un festival. Dada mi experiencia en ese campo profesional, lo utilicé como argumento para que me aceptase y, aunque como estoy contando, lo hizo, el festival ya se había celebrado antes de mi llegada.

Otro dato que también ponía en su perfil era que podía ayudar a conseguir trabajos eventuales a los voluntarios, por supuesto me interesó muchísimo y se lo hice saber. Efectivamente tuve oportunidad de ir con él a trabajar en alguna ocasión, con un buen salario que me ha ayudado a tirar adelante en un país, que al igual que Australia, es caro para alguien con recursos ajustados como yo.

Como no, Jade es natural de Piha y conoce bien la zona, toda una ventaja, ya que pudimos hacer alguna excursión juntos a lugares que difícilmente podrías siquiera pensar en ir. Como siempre digo, es una buena idea viajar como voluntario, ya que te da posibilidades de conocer la vida real de la población local, el país y sus secretos.

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La casa. Mi hogar en Piha

En cuanto a la casa se encuentra en la carretera principal que llega hasta la playa y que se llama Sea View, desde donde puedes ver unas puestas de sol increíbles y la misma playa o el mar, para saber como esta e ir a bañarte. Jade además tiene instalado un jacuzzi que siempre está disponible para darte un baño. Lo mejor de todo es que lo tiene en el exterior y en esta época del año, otoño austral, que no es muy calurosa, incluso muy lluviosa, es una sensación especial estar metido en el agua caliente mientras está lloviendo sobre tu cabeza.

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El primer día que llegué, Daina me invitó a probarlo y aunque no lo uso cada día, si frecuentemente. Los voluntarios podemos utilizar todo el edificio, aunque nuestra habitación está en la parte baja. Tiene dos literas, que hacen cuatro camas y todo lo necesario para cocinar y ser independientes del piso de arriba que es donde vive Jade, se quedan sus hijos cuando vienen, o los invitados que aparecen por aquí muy a a menudo a visitarlo y prefieren no conducir de vuelta por la noche, tras unas cervezas o unas copas.

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La barbacoa es una parte a la que también Jade le da un lugar destacado, ya comenté que es carnívoro convencido y suele utilizarla con cariño y solo madera natural, nada más puede ser introducido en el fuego, ni siquiera las boquillas de un cigarro terminado. En esto se muestra estricto. También tiene un horno donde ahuma el pescado que trae cuando sale a pescar. Yo he tenido la oportunidad de usarlo y para ser mi primera vez al parecer no me quedó mal el pescado que ahumé.

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Como no, la zona de la barbacoa tiene un buen lugar donde sentarse y degustar lo que cocinas que fue donde monté la paellera de Silvia y Jake, que vinieron a pasar y comer ese día, y me curré una paella con las mejores partes de los peces que Jade había pescado un par de días atrás y los mejillones que Daina había recogido en la playa de Piha. De postre nos pusimos las botas con una de las tartas que Silvia hace y que fue el colofón a la comida de ese domingo.

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Poco más que contar en este artículo sobre mi primera experiencia en casa de Jade ya que las dos semanas que estuve pasaron tranquilas en este entorno. Volveré a Piha y tendré más cosas que contar, ya que, tras una semana en Papakura en otro voluntariado, donde conocí un poco más del norte de Nueva Zelanda y a unas personas, Raewin y Glenn, mis anfitriones, que me trataron genial, Jade me dijo que su casa estaba abierta para mi y que volviese cuando quisiese.

Pero esto será en mi próximo artículo dedicado a mi viaje y mi vida en el blog. A partir de ahora también te acercaré datos sobre los lugares que visite por si tu vienes o pasas por ellos, que nunca se sabe, en otros artículos especiales. Con ello espero contribuir y aportar con este blog, algo más que mis pasos por el mundo que voy descubriendo.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!

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