Periplo en China: 1ª parte. De la frontera a Kashgar

Desde Kirguistán a China tienes dos pasos fronterizos por los que entrar. Yo elegí el de Irkeshtam, que es más sencillo que el de Torugart, donde al parecer tienes que conseguir un pase especial que encarece la cosa bastante, aunque mi elección tuvo que ver también con la recomendación de Nick y Virgine, conocedores del terreno y con los que decidí hacer el viaje hasta la frontera. Ambos pasos están en en montañas de Tian Shan (Montañas Celestiales) a más de 3.000 metros de altura y según la época te puede pillar una tormenta que en mi caso fue de frío y nieve, así que ojo y prepárate bien el viaje.

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Ya habiendo pasado los trámites en la frontera kirguika, más fáciles de lo habitual en Asia Central, llegamos a China y estuvimos esperando por más de dos horas, cuando después de protestar a la funcionaria china porque otros eran atendidos que nosotros, nos enteramos que el territorio chino solo lo puedes cruzar en taxi. Esto fue motivo de más protestas, no solo nuestras, sino de otros occidentales que se encontraban esperando y que también se desplazan por el mundo en bici como Nick y Virgine. Estas reglas que el gobierno chino tiene impuestas para atravesar los más de 100Km que separan ambos controles y, ver unos paisajes espectaculares, salen algo caras, pero no hay más remedio que acatarlas si quieres entrar en China. Así que nos pusimos en marcha para conseguir esos taxis y gracias a la ayuda de los soldados chinos, realmente amables y simpáticos con nosotros, que antes nos hicieron el registro de las mochilas a cara de perro (incluso abren y revisan tu ordenador o preguntan si llevas libros, entre otras cosas), no tardamos mucho y al poco rato nos entregaban nuestra documentación y podíamos emprender viaje. Sidney y yo fuimos juntos en el mismo coche y dejamos a Nick y Virgine allí, ya que, aparte de que no había más espacio, ellos nos animaron a seguir adelante sin esperarlos; tenían que desplazarse en furgoneta o todo terreno para poder meter sus bicicletas y quizás no entraríamos todos tampoco, perdiendo más tiempo.

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Ya en el edificio de aduanas nos hicieron esperar un poco más y yo por fin decidí pagar al taxista que llevaba un rato detrás de mi insistiendo. La cuestión por la que tardé en pagarle, era porqué quería encontrar un cajero, que me habían dicho que había en el edificio en cuestión, sin embargo cuando pregunté al funcionario chino me dijo que no, que allí no había bancos, ni cajeros, así que el guía que acompañaba al conductor, un buscavidas entrenado, finalmente consiguió lo que quería y me cambió algunos dólares por yuans (RMB), más caros que habiéndolos sacado con mi tarjeta, pero no hubo más remedio. Pagué 110 RMB, unos 18$, por el trayecto.

Cuando llega tu turno debes de pasar por un par de funcionarios, el primero te pide que entregues los alimentos que lleves, le di una cabeza de ajos que traía de Kirguistán y, seguidamente el segundo revisa el pasaporte y te pone el sello de entrada en el país, tras estos primeros trámites, el último es pasar por el detector tu mochila y si todo está correcto, puedes seguir adelante y salir del edificio, donde están otros cambistas y los taxistas esperando para hacer su negocio. En un principio me plantee pagar 50RMB, que es el precio, por un taxi para llegar hasta la ciudad, pero Sidney que viene desde Francia haciendo autostop me quitó la idea de la cabeza y me dijo que seguro podíamos conseguir un camión que nos llevara. Tuvimos que preguntar a varios y al quinto intento un uighur muy majete nos invitó a subir. No pagamos nada por ello aunque, al parecer, normalmente muchos suelen pedirte una pequeña cantidad. El recorrido se hace por autopistas rodeadas de montañas realmente espectaculares y yendo en camión a una altura considerable, el paisaje se podía ver en toda su extensión. Yo realmente estaba emocionado, conocer China es un sueño que tengo desde pequeño, atraído por su cultura milenaria y también por su gastronomía, que como sabéis es parte importante de este viaje.

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Antes de llegar a Kasgar, nos encontramos con un control de policía que desviaba a todos los camiones a un descampado y les obligaba a aparcar allí, por lo que nos quedamos a las puertas de la ciudad, a unos 8 Km. Cambiamos el camión por un triciclo motorizado lleno de setas que conducían una pareja de chinos que al vernos nos invitaron a subir. Ibamos con los pies colgando sentados a los lados de la caja y por supuesto esto también está prohibido en China, así que cuando veíamos algún policía de tráfico debíamos desmontar y avanzar andando con las mochilas, hasta que lo dejábamos 100 mts atrás y volvíamos a subir, lo repetimos unas tres veces.

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Durante el trayecto intentamos comunicarnos, algo difícil sin saber chino nosotros ni ellos inglés, aunque ambas partes pusimos de nuestra parte por intentarlo, así que por lo visto entendieron que íbamos a un hotel y nos llevaron a uno con un nombre parecido al que les dijimos, pero con una diferencia de categoría notable, allí nos tuvimos que despedir agradeciendo su atención y favor y decidimos subir a un taxi e intentar llegar a nuestro hostel. El taxista, no muy espabilado, no fue capaz de encontrarlo después de llamar dos veces y preguntar, así que llegado un momento, cuando nos dijo que suponía que estaba cerca decidimos bajarnos del coche, recoger nuestras mochilas y no pagar. Nos pidió 10 yuans pero ‘no hostel, no dinero’, sintiéndolo mucho.

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Sidney y yo avanzamos por la avenida donde nos quedamos y fuimos preguntando hasta que cansados de andar y buscar entramos en un restaurante que nos dio buena espina, nos sentamos a comer y nos dejaron llamar por teléfono al hostel. Una chica de la recepción vino a recogernos y esperó pacientemente a que terminásemos. Al final la experiencia en el restaurante no fue muy agradable, resultó ser que la carta que nos habían enseñado en inglés, según la propietaria, era antigua y los precios habían subido como reflejaba la carta en chino ¡algo que no había avisado previamente! Una discusión de más de 20 minutos protestando porque ¡estaba cobrándonos el doble! (de 60RMB que calculamos, a los 125RMB que nos pedía), que intentó arreglar nuestra guía y se saldó con una pequeña rebaja y llevándonos la comida que nos quedaba para terminarla en el hostel. Añado a esto, que antes de pedir avisé que era vegetariano, pedí unas bolas que se reflejaban en el menú de verduras y me sirvieron ¡bolas de carne de vaca de 10cm de diámetro!. La verdad es que la situación se tensó hasta tal punto que la mujer del restaurante, fuera de sí, comenzó a chillar como una loca, ahí nosotros decidimos pagar el precio final, intentar olvidar cuanto antes la experiencia y aprender de ella.

Desde allí nos fuimos andando al hostel acompañados por la guía improvisada e hicimos el check-in. El hostel estaba lleno y casi todos los que nos habíamos conocido en la frontera hospedados juntos. Esta masificación, que no me agradó mucho, unida a la movida del restaurante, no creó buen ambiente y por mi cuenta decidí buscar otro hostel para quedarme los días que restaban en la ciudad. Sidney al igual que yo tampoco estaba muy cómoda, así que nos pusimos de acuerdo, localizamos uno que no estaba muy lejos y fuimos a visitarlo antes de tomar una determinación. Tras la visita decidimos cambiarnos para estar los días siguientes. El nuevo hostel, que por supuesto recomiendo, KKH Breeze Hostel, estaba situado en un lugar más tranquilo, estaba mucho más limpio y la atención nos pareció mucho más correcta. No estaba masificado y los únicos occidentales que estaban allí éramos nosotros. A los dos días Nick y Virgine decidieron por su parte trasladarse con nosotros.

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Los cuatro estábamos deseosos de visitar el Sunday Market y el mercado de animales vivos, que se organiza a las afueras. El Sunday Market está en la misma ciudad y abre todos los días, pero el domingo es especial, es el gran día. Encuentras de todo: comida, especias, frutos secos, chatarra, instrumentos musicales, objetos para la cocina y para el coche y es realmente como trasladarte de nuevo a la zona de Asia Central, a la que prácticamente pertenece esta región china.

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En el mercado de animales vivos, que solo se celebra los domingos, los animales están separados según su especie: vacas y toros, ovejas y cabras, caballos, burros, camellos, yacks… los posibles compradores negocian directamente con los propietarios, revisando cuidadosamente los animales y puedo imaginar que se mueve una importante cantidad de dinero cada semana. Encuentras restaurantes que sacrifican ‘in situ’ los animales para preparar los platos y vender la carne. La experiencia fue fascinante, pero para mi que abogo por el respeto a los animales, hubo momentos de verdadera zozobra e incomodidad, viendo como tratan a veces a una simple cría de vaca, por poner un ejemplo.

Puedes ver el reportaje fotográfico que realizó Sidney del mercado de animales vivos, que se quedó sola para hacerlo a su ritmo, en su blog.

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Ambos mercados están regentados por uigures que son una comunidad totalmente distinta a la etnia mayoritaria en China, la etnia Han, y son los habitantes originarios de esta zona del país, la provincia de Sinkiang (Xinjiang) que goza de una autonomía propia. Sus facciones lo delatan, son musulmanes, hablan distinto: un idioma cercano al turco, pero escrito con caligrafía árabe o farsi, que se refleja en toda la provincia, mezclando ambas lenguas en las señales de tráfico o en los carteles de las ciudades y los comercios. Su comida también es distinta al resto de China y aunque cada vez hay más chinos de la etnia Han, que el gobierno envía para consolidar la región, es difícil verlos mezclados y por lo que me contaron algunos chinos que conocí de vacaciones por la zona, no se sienten seguros ya que los atentados contra ellos son más o menos habituales. Quizás por esta razón sea por la que la policía y el ejercito están situados estratégicamente en puntos de la ciudad bien a la vista y armados hasta los dientes. Los pude ver el día que busqué un banco para sacar dinero con mi tarjeta y lo confirmé cuando fui a comprar mi billete de tren para viajar a Turfán, dándome un buen paseo y visitando el parque próximo, donde cerca una estatua de Mao y grandes banderas chinas recuerda que China es la nación que domina la zona. Otro detalle es que el horario de Pekín rige todo el país, pero aquí sus gentes utilizan el propio, que son dos horas menos, con mayor criterio, ya que ambas zonas están separadas por miles de kilómetros y siguen el horario solar.

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A Kashgar (Kashi para los chinos) llegué el día 9 de octubre y estuve cuatro días en la ciudad, después me esperaba un viaje de casi 24 horas en tren hasta Turfán (Turufán para los chinos) que fue una aventura increíble, vivida a tope con las gentes del lugar. Pero esto es otra historia, que contaré en la próxima entrega dedicada a este inmenso país. Hasta entonces y como siempre…

¡Pura vida!

 

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