Periplo turco 1ª parte: Antalya, Konya y Ankara

Cuando salí de Fethiye durante los siguientes diez días aproveche para visitar diferentes zonas de Turquía que me habían recomendado, antes de llegar a Erzurum, ciudad donde tenía que recoger el visado para Irán.

En los siguientes dos artículos, intentaré resumir este periplo turco que paso por Antalya, Konya, Ankara, en el primero y Capadocia, Sanliurfa y la mencionada Erzurum en el segundo y último que dedicaré a Turquía. Estos dos artículos los intercalaré con mi viaje por Irán, que ya ha comenzado como habrás podido leer en Irán 1ª parte: La llegada.

Antalya
Desde Fethiye tenía un viaje de unas cuatro horas en autobús. Durante el trayecto pude conocer a Ali y su mujer Ayten, ambos turcos pero residentes en Alemania que pasaban algunos periodos del año en su tierra natal. Dos señores muy simpáticos que nada más llegar a Antalya me ayudaron a encontrar mi transporte al centro para llegar a mi hostel.

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Ya allí recorrí las viejas calles del centro histórico, un lugar espectacular y muy bien cuidado para disfrute de sus gentes, pero sobre todo del turismo que en esta parte de Turquía es mucho. Mi hostel estaba cercano a la Puerta de Andriano, así que llegué rápido y pude hacer el check-in temprano, interesante para así visitar lo más posible de la ciudad, ya que al día siguiente partía hacia Konya.

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Busqué un supermercado y compré para comer y cenar ese día. Descansé durante las horas de más calor y salí sobre las cinco de la tarde para recorrer gran parte del old town. Después busqué el bazar Folk que esta dedicado sobre todo a alimentación fresca y es itinerante, por lo que se monta cada día en una zona en la ciudad. Después me dirigí al bazar antiguo, que en las ciudades turcas son casi museos y tras dar un vuelta por él me tomé un té y descansé un rato.

Ya con las visitas más interesantes que me dio tiempo a hacer, busqué la parada de autobuses de línea que al día siguiente tendría que utilizar, para llegar hasta la terminal de autobuses de larga distancia, de cara a mi viaje a Konya. No era muy complicado, pero con mi carga, prefería andar lo menos posible por la mañana e ir sobre seguro.

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Antes de que oscureciese volví paseando por el old town hasta la muralla que rodea la ciudad y pude ver la puesta de sol junto al mar, como gran premio me encontré con un músico callejero interpretando música tradicional turca sentado junto al monumento dedicado a Nazin Hikmet, poeta turco considerado el más importante del siglo XX en su país y que debido a su militancia comunista fue encarcelado y exiliado varias veces, perdiendo finalmente su nacionalidad y emigrando a la URSS donde murió como ciudadano polaco. Un dato que lo relaciona con España, es que apoyó a los luchadores republicanos durante la Guerra Civil como detallaba la placa junto al monumento.

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Por la mañana temprano, desayuno turco incluido en el precio de la habitación y después, cargado con mis mochilas, directo a la parada de autobuses de línea que había encontrado la tarde anterior, no muy lejos del old town, para llegar a la terminal lo antes posible, comprar el billete para mi viaje a Konya y esperar la salida de mi autobús.

Cuando llegue me asaltaron los buscadores de clientes ofreciéndome el billete, al primero que escuché me llevo a un puesto de venta que me lo vendía por 45TL, regatee y lo rebajé hasta las 35TL, aunque decidí probar con otras compañías para intentar bajarlo más. En internet había podido verlo por 38TL en la compañía Metro, que se supone que es la más cara y podría comprarlo en la misma terminal. En cada una de las siguientes que fui probando me ofrecían un precio, llegando hasta las 50TL y en horarios diferentes, con largas esperas hasta la salida. En la última que pregunté, me lo ofrecieron de nuevo por 45TL, pero negocié y aquí acepte las 35TL que me pidieron, además solo tenía que esperar una hora para salir. El autobús fue cómodo y la atención buena, hasta que cuando llegué a Konya me dejaron en una rotonda, que por fortuna estaba cerca de la terminal y no debí andar mucho. Fue la primera y última vez que me ocurrió y algo que considero un servicio deficiente por su parte.

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Konya
Cuando llegué a las inmediaciones de la terminal pregunté en un puesto de venta de billetes del tranvía como llegar a mi hotel, aquí no encontré hosteles, pero el hotel era barato de verdad. Tras preguntar a unas cuantas personas más, además de al empleado del tranvía, que no hablaban inglés apareció Hüsseyin, que si, por fin me podía entender. Él me dijo que llevaba la misma dirección y que me acompañaba. No imaginé que lo haría hasta la misma puerta. Tuvimos que preguntar, ya que no conocía la calle, pero me ayudo y para sorpresa de otros turcos, no me pidió nada a cambio. Una gran persona que no volví a ver, pero con la que mantengo contacto por Facebook. Gracias Hüsseyin por tu amabilidad y tu tiempo.

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Ya en el hotel pregunté a manera de encontrar el billete que me llevase a Ankara. Desde Konya a Ankara hay tren directo y es de los rápidos. Me indicaron una agencia de viajes a la vuelta de la esquina y lo que en internet me decía que eran 145TL en la agencia fueron 25TL, una rebaja considerable. No lo llego a entender pero así fue y me vino muy bien, aunque creo que el idioma me jugó una mala pasada en la búsqueda por internet.

De la agencia me dirigí al Museo Mevlana, pero cerraban a las siete de la tarde, así que tendría que esperar al día siguiente por la mañana antes de que mi tren a Ankara partiese, para visitarlo.

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Durante el paseo por las inmediaciones entré en una parte que creí que pertenecía al museo, sin embargo era una zona comercial muy bien cuidada y donde de repente unos turcos que estaban sentados a las puertas de una tienda me llamaron la atención con alguna broma dedicada a mi sombrero, simpáticos y amables entablé con ellos una conversación muy divertida. Trabajaban en la tienda de souvenirs y me invitaron a un té turco, que por cierto me encanta. Mustafa y Gürhan fueron amables y además me indicaron que esa noche en el Centro de Cultura Mevlana se celebraba el famoso SemaCeremonia Mevlevi, cosa que me alegró inmensamente ya que era lo que buscaba en la ciudad y nadie hasta ese momento me había podido indicar.

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Cuando cerraron la tienda me fui con Mustafa al Centro de Cultura Mevlana y estuve con él y otro de sus colegas, Emre (que tiene una tienda de souvenirs en el mismo centro) hablando de todo un poco hasta que comenzó la ceremonia: situación en España comparada con la de Turquía, situación en Gaza, algo por lo que están muy sensibilizados en Turquía; mi viaje pero en ese rato también hubo tiempo para conversaciones distendidas y bromas. Mustafa chapurrea el español, con lo que todo fue más divertido y ayudó su buen rollo y simpatía.

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Cuando acabo la ceremonia Mustafa me acompañó hasta la plaza del Museo Meblana, donde el tenía que coger su autobús, el último de la noche para ir a su casa, antes de despedirnos me recomendó no pasear mucho por la zona debido a la inseguridad y me dirigí directamente al hotel. Además al día siguiente tenía el propósito de visitar el museo que abría a las nueve y después a las once y media tenía el tren a Ankara por lo que salir por ahí no entraba en mis planes.

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El museo es una antigua mezquita y la verdad es que mereció la pena verlo, comprendes mucho mejor la antigua cultura sufí y puedes ver en un recorrido bien organizado todos los elementos que rodean esta orden musulmana fundada por los discípulos del gran poeta Sufí Jalal al-Din Muhammad Rumi.

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Iba con tiempo a la estación, lo prefería a ir corriendo y ajustado. Pero de repente el idioma me jugó otra mala pasada, pregunté por el minibús que llevaba a la estación de tren y el conductor al que lo hice me indicó el de la estación de autobuses, lo que me hizo perder un tiempo precioso que tuve que recuperar a la carrera. Me bajé del minibús en cuanto pude y afortunadamente llevaba un viaje para el tranvía, que me había sobrado del primer día y guardé, aunque pensé en regalarlo. Con ese viaje llegué hasta la Plaza Alaaddin y ya allí me subí a uno de los tres autobuses que acercaban a la estación de ferrocarril. Tuve que andar rápido para llegar a tiempo y no perder el tren Ankara. Quizás que los horarios no fuesen muy estrictos, además de mucha gente esperando a acceder al anden, hizo que me diese tiempo a tomar un respiro y subir al tren sin mayor problema.

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Cuando comenzó el viaje intenté conectarme con el wifi para revisar cosas en el móvil o el Mac, pero resulta que en el ferrocarril tienes que tener un número de ID turca para poder acceder y conectar y sino como extranjero lo tienes crudo. Me molestó especialmente este detalle. Afortunadamente el viaje fue solo de una hora y media y pasó rápido.

En la estación de Ankara me esperaba Berna, una amiga que había conocido en Fethiye como clienta del hotel donde hice mi voluntariado y con la que había mantenido contacto desde el día que se fue a través del chat de Facebook.

Ankara
Ya en la estación encontré a Berna en la puerta y después de tantos días chateando por fin nos encontramos de nuevo en persona, fue una alegría mutua. Desde la estación decidimos ir andando hasta el cercano Parque Genclik, donde buscamos un restaurante donde comer y charlar cara a cara.

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Nuestro mal inglés dificultaba un poco la comunicación, pero con el buen rollo existente era solo motivo de risas. Finalmente solo comí yo y me invitó ella. Después de eso nos dirigimos a buscar mi hotel para esa noche en Ankara.

Decidimos que iríamos andando, no era un trayecto largo, pero la cuesta arriba de la avenida principal hizo mella en mi. Por fin cuando llegamos, tras preguntar varias veces, hice el chek-in y subimos a mi habitación para sobre todo recargar mi móvil de cara al paseo posterior y poder usarlo como cámara. Revisé algunas cosas en internet y cuando nos llamaron de recepción para que Berna abandonase la habitación salimos a dar ese paseo y conocer un poco la capital turca.

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Ankara estaba fuera de mi recorrido, pero tras conocer a Berna decidí incluirlo para volver a vernos. Pudimos visitar el castillo que corona la ciudad, un lugar bello, pero mal mantenido, que necesita reparaciones y reformas urgentes, entre otras cosas mejorar su seguridad, ya que un traspiés puede llevarte a caer al vacío, y la altura es mucha. Anduvimos con mucho cuidado.

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Después de la visita bajamos a la ciudad andando, la subida la hicimos en taxi, era mucho el desnivel y preferimos reservar las fuerzas para el paseo para visitar el castillo. La zona por la que bajamos era antigua y bella y de allí nos dirigimos a una más turística donde paramos a descansar y tomar algo. El bar donde estuvimos tenía la habitación de los recuerdos, discos, casetes, vídeos, viejos aparatos reproductores de estos formatos y libros.

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Cuando cayo la noche, seguimos con el paseo y en el Parque Genclik que había visto por la mañana fue nuestro punto de despedida. Yo me fui al hotel y Berna a su casa.

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La mañana siguiente la quería haber aprovechado para ir a las distintas embajadas de los países de Asia Central, pero encontré un autobús que me llevaba a Capadocia a las 11h de la mañana y decidí cambiar mis planes para viajar temprano. No era un viaje de muchas horas, pero prefería llegar de día a Göreme y así conocer esta zona tan alucinante de Turquía.

Cuando me dirigí hacia la estación de autobuses tuve que buscar el minibus que me llevase, al preguntar Serkan y Gemil mostraron curiosidad por mi nacionalidad, esta pregunta hizo que charlásemos un rato y que me invitasen a un té para explicarles algo de mi viaje, aunque fue difícil ya que su inglés era muy básico, aún así quedamos en que la próxima visita a Ankara les llamase para conocernos mejor y enseñarme la ciudad. Que buena gente y que pena ir con el tiempo tan justo para haber compartido un rato más largo con ellos.

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Llegué a la estación, busqué mi autobús y me dirigí a una de las partes más bellas de Turquía, la Capadocia y concretamente a Göreme, pero esto es otra historia para el próximo artículo sobre mi periplo turco y la despedida de este bello y fantástico país.

Hasta entonces, como siempre…

¡Pura Vida!

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