Segunda etapa filipina. Un largo descanso en La Vuelta al Mundo Sin Prisas (1ª Parte)

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que publiqué. Estos artículos sobre Filipinas debería de haberlos escrito antes de los que ya pudisteis leer sobre Taiwán, pero las circunstancias han sido determinantes. Dicen que nunca es tarde, si la dicha es buena. Pues espero que esta sea una ocasión para usar esta frase.

A continuación os relato desde mi llegada a Filipinas después de un periplo por el Océano Pacífico, artículos estos que todavía quedan por redactar, y os hago un repaso por estos meses en el país del Sudeste Asiático.

Segunda etapa filipina

La segunda etapa filipina comenzaba justo al cumplir los tres años de viaje. Eran mediados de marzo de 2017 y curiosamente llegaba en barco, tal y como hubiese querido entrar allá por 2015, cuando Filipinas fue parte de mi recorrido por el Sudeste asiático.

Segunda etapa filipina

Recorrido de la entrada en Filipinas

Entramos por el paso sur de Dinagat Sound y nuestro destino era la ciudad de Surigao, al norte de la isla de Mindanao. Surigao era el puerto donde podríamos hacer nuestro registro en el país, con las autoridades de inmigración.

La llegada a Surigao

Era la mañana del séptimo día de navegación por el Pacífico. El mar había estado en calma y el viento había sido inexistente durante todo el trayecto. El motor nos hizo avanzar. El viaje había sido apacible y excepto la tormenta que nos acompaño al salir de la isla de Yap en Micronesia, el resto del viaje fue un paseo.

Hicimos los tramites en Surigao como estaba previsto. Nos quedamos una noche más para poder descansar y al día siguiente alrededor de las 7 de la mañana poníamos rumbo a la isla de Cebú. En Cebú teníamos previsto hacer una escala técnica para, posteriormente, seguir camino hacía el norte a Puerto Galera, en la isla Mindoro. La idea era dejar allí el velero durante la temporada de ciclones que comenzaba en poco tiempo.

Segunda etapa filipinaDesde Puerto Galera, a los pocos días, yo cruzaría a la isla de Luzón en un ferry, para en autobús llegar a Manila y coger el avión que me llevaría a Taiwán, siguiendo con el viaje, pero ya en solitario.

Cambio de planes “primera parte”

Con Horst el capitán del velero, la verdad es que nunca se sabe. Yo tenía los planes que he resumido arriba, pero cuando llegamos a Cebú, que también fue una aventura y contaré en otro capítulo del blog, él se tuvo que quedar ingresado en un hospital de la capital de la isla llamada también Cebú. Durante el viaje entre Yap y Filipinas, la fiebre le había subido de manera alarmante, llegando a los 40º, y en el hospital le detectaron una neumonía que tenía que tratar y cuidar.

Durante ese tiempo me quedé a cargo del barco y de Prince, nuestra mascota abordo, con la ayuda inestimable de Peter, un holandés que habíamos conocido en Pohnpei y con el que habíamos coincido en alguna de las islas de la Micronesia durante nuestra ruta. Él fue quien nos asesoró en los tramites al llegar al DryDock, un muelle entre Danao y Carmen donde nos quedamos y posteriormente me explicó los detalles para seguir amarrados aquí.

Mientras yo, cada día, bajaba a visitar a Horst al hospital, su salud me preocupaba. Le llevaba lo que necesitase -ropa, comida, entretenimiento, etc-, le ponía al día de lo que iba sucediendo en el barco y charlábamos.

A la semana Horst salía del hospital, casi recuperado. Fue cuando me anunció que íbamos a quedarnos en este muelle amarrados y que los planes iniciales cambiaban: no iríamos a Puerto Galera. Para mi fue una sorpresa y un problema; yo tenía mi vuelo desde Manila a Taipei y este cambio era un contratiempo. Sobre todo económico.

Horst lo sabía y antes de que yo dijese nada, el me ofreció pagar el enlace entre Cebú y Manila en avión. Buscando vuelos entre las islas filipinas, también busqué la opción de volar directamente desde Cebú a Taipei, encontrando un vuelo que incluso era más económico que los vuelos dentro del país. Finalmente fue el que elegí. El impuesto turístico al salir del país, también se rebajaba a la mitad, como ya expliqué en este artículo dedicado a Taiwán.

El accidente que cambió los planes a largo plazo “segunda parte”

Esperando el día de mi viaje, un domingo por la mañana fui al bar del muelle donde tenían internet -digo tenían porque hoy en día ya no está- a revisar correos y trabajar un rato en el blog. Cuando termine, cerca de mediodía, me dirigí de nuevo al barco. Tenía que preparar la comida, una de mis labores en el velero.

Entre el velero y el muelle hay una pasarela de madera y cuando yo cruzaba sobre ella, a mitad de camino, tuve como una alucinación que no era tal, sino una realidad aunque yo no lo podía creer ¡El barco se movía y yo estaba entre el muelle y el velero!

Segunda etapa filipina

Velero y la pasarela

Horst decidió que iba a probar el motor del barco justo en ese momento, algo que puede resultar normal en condiciones normales, pero no sin una pieza básica que el día de nuestra llegada se había roto: la palanca de aceleración y cambio de marchas.

Al no saber si estaba en punto muerto o con una marcha, lo descubrió arrancando y no, no estaba en punto muerto, lo que hizo que el barco se moviese, arrancase la pasarela del muelle y diese con mis huesos en el agua. Y gracias a que solo fue un remojón y no pasó nada más que lamentar fisicamente, excepto un corte poco profundo en una pierna.

Evidentemente la mochila cargada con todos los aparatos electrónicos vino al agua conmigo y ahí apareció el problema. La incompatibilidad de estos con el agua y además salada, iba a ser determinante en los nuevos planes que desde ese momento, obligado por las circunstancias, se empezaron a cuajar.

¡¿Qué ha pasado?!

Horst y las demás personas que estaban en el muelle o en sus barcos, acudieron inmediatamente a ver que había pasado al oír el grito que di ¡¡¡Hoooooorst stooop the boaaaat!!! Qué además mi hizo tragar agua. Demasiado tarde, aunque lo paró. Y suerte que el barco fue marcha atrás, sino probablemente, se hubiese comido el muelle.

Por mi cabeza solo pasaba sacar la mochila del agua y dársela a alguien que sacase los aparatos de ella tratando de evitar lo inevitable: que el agua lo empapase todo. Alguien la recogió y siguiendo mis indicaciones puso los aparatos al sol. Pero cuando yo conseguí salir del agua me di cuenta del estropicio que había liado Horst. Todo chorreaba agua salada y sucia.

La cara de Horst estaba blanca como la nieve y sus ojos abiertos de par en par me miraban pidiéndome disculpas y sin llegar a creerse lo que había pasado y hecho él, experimentado marinero. Yo mantenía la calma, poco podía hacer excepto confiar en la buena suerte y la buena fe de Horst.

Tras el shock y una ducha para quitarme la grasa que flotaba en el agua y se había pegado a mi cuerpo y mi ropa, charlamos de lo sucedido. Le expuse el coste de mis aparatos para tratar de reponerlos, si estos estaban inservibles. Él, compungido, afirmaba con la cabeza dándome a entender que se haría cargo, aunque posteriormente con el paso de los días, no fue tan sencillo.

Cambio de planes “Tercera parte”: Comienza la larga Segunda etapa filipina

Durante mi espera para ir a Taiwán en esos ratos de relajación en solitario, mi mente daba vueltas a la posibilidad de quedarme un tiempo en Filipinas y alargar la segunda etapa en el país.

Me gusta el país y sus gentes, su simpatía y la belleza de sus mujeres. Era más un pensamiento que un deseo, ya que mis pasos se dirigían a otro lugar y luego otro, pero el accidente cambió las cosas.

Un día por fin decidí contárselo a Horst, ya que él tenía previsto ir a Europa durante la temporada estival y alguien tenía que quedarse a cuidar el velero. Podía ser un filipino o filipina, o podía ser yo.

Segunda etapa filipinaLa idea que le plantee le pareció bien y pactamos unas condiciones que eran ventajosas para ambos: yo por mi lado, que conocía el funcionamiento del barco por haber navegado durante los anteriores nueve meses, podía cuidarlo y mantenerlo, y a Horst le evitaba tener que pagar un sueldo y quizás algún disgusto al volver. Además tenía que arreglar mi situación con la electrónica y necesitaba un tiempo.

Él se haría cargo de mis gastos y posteriormente me entregaría una cantidad de dinero, sin acordar cuanta, para ayudarme en mi viaje. Además cubrió el vuelo de vuelta desde Taiwán a Filipinas, la renovación de mis visados en el país durante el tiempo necesario y me entregó 200$US para mis gastos en el viaje por Taiwán y un cartón de tabaco de regalo. Un ultimo gesto que agradecí.

Y hasta aquí esta primera parte de mi segunda etapa filipina. Vendrán más artículos en las siguientes semanas, donde te contaré más cosas y te daré datos para que conozcas un poco este país antes de venir, si lo haces. Algo que te recomiendo.

Hasta entonces y como siempre…

¡Pura Vida!

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