Sigo en Bangkok y ya tengo mi visado para Myanmar

Hoy cumplo la semana en Bangkok, aunque los planes iniciales eran distintos. Pero en este viaje hay que estar abierto a cambios y en este caso con la ayuda de españoles residentes en la ciudad, he podido alargar mi estancia.

El fin de semana lo pasé en el hostel ‘punk’, como le digo yo y que ya os presenté en el anterior artículo y el lunes decidí seguir en él mientras esperaba que me entregasen la visa que debía solicitar para entrar en Myanmar.

Buscando la embajada

Pero antes de dar más detalles sobre mi nuevo alojamiento y sus habitantes, contaré como pude llegar hasta la embajada, que estaba a una distancia considerable de mi base de operaciones, el hostel y, sin conocer apenas la ciudad y haber estado únicamente recorriendo las cercanías del mismo, se me hacía algo difícil empezar a andar por las calles de Bangkok, una ciudad grande y caótica, como casi todas las grandes ciudades.

Madrugué para intentar llegar lo antes posible a la embajada, ya que me habían avisado de que siempre se forman largas colas y además el horario es limitado de 9h a 12h para solicitar los visados. Solo tres horas para atender a un centenar largo de extranjeros, que quieren cruzar al país vecino. La embajada de Bangkok es una de las pocas que Myanmar tiene en el mundo, ya que su apertura al turismo y la posibilidad de viajar al país comenzó hace poco más de dos años.

Preparé el recorrido lo mejor posible gracias a Vaidas el camarero voluntario del hostel que me dijo que, lo primero era llegar hasta el centro cruzando el río con el autobús nº 35 que tenía su parada en la avenida perpendicular al hostel, después tenía que andar un buen trecho, pero realmente no importaba ya que me gusta caminar y es la mejor manera de conocer una ciudad. El problema empezó cuando subí al autobús y ni la mujer que cobra ni los pasajeros que estaban cerca hablaban inglés y podían ayudarme.

Intenté explicarme, pero fue realmente difícil y en un momento dado, después de insistir con mi parada me sugirió bajar en un punto del trayecto. Bajé cuando me dijo la señora y ahí me encontré perdido y sin saber que dirección seguir. Pregunté a los tailandeses que me iba encontrando que estaban en sus negocios atendiendo a los clientes comprando su desayuno. Nadie me supo explicar, hasta que vi a un señor mayor con uniforme y me sugirió el autobús nº1 que tenía su parada un poco más adelante cruzando dos grandes calles que podía ver enfrente de mi. Tuve la suerte de que de repente cuando estaba a la altura de una especie de parada apareció el autobús. El muchacho que en esta ocasión cobraba, me entendió y me hizo, esta vez sí, parar en el lugar adecuado, aún así seguía teniendo un trecho que recorrer. Seguía perdido, así que Ubom el conductor de un Tuc Tuc me entró y me preguntó donde iba, el conocía la embajada, negocié un precio por el trayecto, de los 60 Baht iniciales pude dejarlo en 40 (1,20$), aunque siguió siendo caro bajo mi punto de vista. Efectivamente llegué a la embajada y desde fuera se podía ver el ajetreo en el interior del edificio.

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Ubom me sugirió ir a una agencia de turismo que el conocía, no estaba yo muy seguro de la propuesta, pero accedí, tenía tiempo y me aseguró que en cinco minutos llegaríamos, ver algo de Bangkok desde un Tuc Tuc y aprovechar el precio que me cobraba me convenció. Ya en la agencia pregunté al señor que me atendió por el visado para cruzar por tierra a Myanmar, el creía que iba en avión, y de repente me solto que tenía que pagar 3.500 Baht (106$), ahí termino mi conversación ¡¡¡me estaba cobrando más del triple!!! La salida fue tan rápida que Ubom se quedo con cara de sorpresa y cuando le expliqué el precio que me estaba cobrando, incluso él lo entendió, o eso me hizo ver por su cara de sorpresa, aunque me había asegurado que el precio era el mismo que comprándolo en la embajada. Como siempre, hay que tener cuidado con los conductores de Tuc Tuc, que intentarán, como sea, venderte algo en lo que ellos reciben una comisión (imagino que alta por el precio que me pidió la agencia) y si no te has informado antes del precio real, puede que lo consigan. Después del bonito paseo me devolvió a la embajada, le pagué el precio acordado y entré a ver como estaba el percal para solicitar mi visa directamente.

Lo primero fue tener el número para mi turno, me tocó el 99 y estaba en el número 42 cuando esto ocurría. Salí afuera a esperar mi turno fumando un pitillo y Ti Ti, otro conductor de Tuc Tuc al que Ubom le contaría que era un extranjero generoso, me entró para devolverme después hasta donde quisiese ir. A Ti Ti, me lo intenté quitar de encima enseguida, pero era persistente y me persiguió con su Tuc Tuc por toda la calle mientras yo buscaba donde desayunar.

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Fue una suerte la persistencia de Ti Ti, ya que ¡parezco nuevo en esto! se me habían olvidado las fotocopias que llevo del pasaporte y que todavía conservo desde Irán, así que entré en un sitio de fotografía que me recomendó y Hont la señora que estaba allí atendiendo me ayudó con todo el papeleo, ya que también tenía que rellenar el impreso de solicitud. Las fotos las llevaba desde Irán y me ahorré un buen dinero. Finalmente pagué por el servicio de fotocopia 10 Baht (0,30$), luego vi que en la misma embajada, cosa rara, te las hacía por solo 3 Baht (0,09$), pero bueno no era mucho y había podido también comprar el café tan rico que hacen en las calles de Bangkok por 20 Baht (0,61$).

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En la embajada de Myanmar

Durante mi espera conocí a Joan, un barcelonés que está viajando durante tres meses por estos lares y mientras hablaba con él sentados en un banco en el interior de la embajada, una chica con rasgos orientales que antes había coincidido conmigo fumando un cigarro, se acercó y me cedió el número 88 cuando había finalizado sus gestiones, para mi fue una grata sorpresa y yo así mismo le cedí el mío a Joan, eso adelantó nuestra espera bastante y curiosamente los funcionarios de la embajada siguieron trabajando y atendiendo a todos los que habíamos podido recoger nuestro número antes del mediodía. Afortunado, sino hubiese perdido la mañana y tendría que haber vuelto al día siguiente para hacer la misma cola, con el consiguiente madrugón para llegar con más tiempo.

Con el visado de Myanmar tienes tres opciones, recogerlo en el mismo día, que son 1.260 Baht (38$), otra que no recuerdo muy bien las condiciones con un precio de 1.100 Baht (33$) y la que elegí: ir a recogerlo a los dos días y pagar 810 Baht (24$). Había hecho los cálculos sabedor de estos detalles y quedándome en el hostel, pagando los dos días necesarios de la espera, así como los gastos de comida, ahorraba dinero y como de echo no tengo prisas, me decanté finalmente por esta opción más económica.

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Eso era el lunes día 9 y durante nuestra conversación Joan me dijo que estaba viviendo en casa de un español que había encontrado a través de Couchsurfing, le plantee la posibilidad de estar con ellos y sin poder asegurármelo antes de hablar con Goto, se comprometió a comentarlo al llegar a casa, mantuvimos el contacto durante la tarde y Goto me confirmó que podía venir. Al tener pagado el hostel para esa noche decidí venir el martes y así lo hice.

Mi anfitrión de Couchsurfing

El martes madrugué también, pero me quedé trabajando en el hostel por la mañana, incluso conocí a una pareja que recién llegaban, español e italiana y charlamos un largo rato. Me vino bien el contacto, ya que ella me habló de una página web que en el futuro seguro que me viene bien en el viaje, ya contaré más detalles.

Sobre mediodía salí hacía mi nuevo hogar. Me costó encontrar la casa y lo pude hacer gracias a unos estudiantes de la universidad que cerca del castillo donde estoy viviendo. Ellos me preguntaron hacerse una foto conmigo y yo les pedí a cambio su teléfono para llamar a Goto, mi anfitrión, y orientarme. Al final conseguí mi objetivo de encontrar el camino, pero ellos no hicieron la foto. Después de cargar con mis mochilas durante un buen rato en el calor asfixiante que hace en Bangkok y preguntar a un policía y a un guardia de seguridad, di con él lugar. Agotado y sudado a mi llegada pude darme un ducha relajante, reencontrarme con Joan y conocer a Goto, que llegaba del hospital de curarse una herida en la pierna, con muy mala pinta. La herida se la hizo en India al caerse de una moto con su chica Mireia, que por cierto al día siguiente volvía a España, y que en el hospital indio no le curaron bien. Se le ha llegado a complicar tanto la herida, que ha tenido un comienzo de necrosis, peligroso y difícil de curar. Sigue yendo cada día al hospital para hacerse el chequeo y limpiarla y tiene para un tiempo con este proceso, que además es caro y debe de pagar en cada visita.

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Al día siguiente, miércoles 11, después de comer mi tortilla de patatas Joan y yo nos acercamos a la embajada a las 16h, el horario es de 15.30 a 16.30h, para recoger nuestras visas y a los cinco minutos de nuestra llegada nos las entregaron. El visado a Myanmar es como el de China, tienes un periodo de tres meses para utilizarlo desde la fecha de entrega y desde que entras al país te dan exactamente 4 semanas de estancia, o lo que es lo mismo 28 días para estar y visitarlo. Después de recogerlo nos dio tiempo a dar un buen paseo por la zona y encontrarnos con una mezquita, un templo budista o con algo que iba buscando desde que llegué: la tienda de postales para poder comprar unas cuantas y enviarlas a mis amigos de España que están colaborando y participando del viaje aportando un poco de dinero, a cambio de este recuerdo.

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Ahora mismo en la casa de Goto no está Joan que decidió cambiar de aires e irse a un hostel este tiempo que le queda en Bangkok y hoy a llegado Takahiro, un japonés que estará unos días aquí. Por lo visto mañana vienen otros dos couchsurfers a compartir la casa con nosotros, así que nos vamos a juntar unos cuantos, sumados a los 5 japoneses que ya viven aquí, aunque solo los he visto de paso y para decirnos hola y poco más, ya que son bastante reservados y un mexicano, Santi que conocí el día que llegué, aunque se fue poco después a conocer Tailandia con su chica que estaba de visita. Algunos de ellos son emprendedores, otros blogers y Goto que es freelance y lo contratan para trabajos puntuales como tester de aplicaciones o sistemas operativos es quien se encarga del couchsurfing y la casa al ser grande da para que pueda acoger a viajeros como nosotros.

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Yo por mi parte tengo previsto partir el domingo y quedarme en la ciudad fronteriza de Mae Sot un par de días y conocer mejor y más de cerca el trabajo que hace la ONG española ‘Colabora Birmania’ con los niños que huyeron de su país hace tiempo y a los que les dan la posibilidad de estudiar y tener un plato de comida cada día, sin tener que trabajar para conseguirlo. Pero esta historia la contaré en mi próximo artículo dedicado a las vivencias que están por llegar. Hasta entonces y como siempre

¡Pura Vida!

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